Pablo's profileMemorias de un mentirosoPhotosBlogLists Tools Help

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    March 27

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    "El "izquierdismo" no es más que la extrema izquierda del programa del Capital. Su moral revolucionaria, su voluntarismo, su militantismo, los otra cosa que productos de esta situación. Van encaminados a controlar y dirigir la lucha de la clase obrera. Así, toda acción que no lleve una perspectiva de crítica y rechazo total del capitalismo, queda dentro del mismo y es recuperada por él. Hoy día, hablar de obrerismo y militantismo, y llevarlo a la práctica es querer evitar el paso al Comunismo"

     

    Fragmento del Congreso de disolución del MIL. 1973

    July 31

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    Quiero hacer justicia a mi edad y escribir cosas propias de ella. Confundir sentimientos, estados de ánimo, magnificar las cosas más triviales, hablar con los demás de temas que no me importan lo más mínimo. (aunque la frivolidad es propia de todas las edades) Pensar que la gente es buena (o mala) sin darle más vueltas al asunto, y por supuesto, reflexionar de manera pedante y poco inteligente.

    Pues bien, es lo que voy a hacer. Intentaré dejar de lado mi obsesión cultureta de pensar en leer, o de leer para pensar (que en parte hago para mantener mi estatus) Viviré con alegría y etc.

    y etc

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    July 30

    El árbol

     
     
     
                    El árbol era negro y grande. Dominaba un promontorio de hierba, al este de la casita marrón. Hace tiempo quise comprarla, pero no podía permitirme unas  reparaciones. Me limité a ir de vez en cuando en coche, sólo o acompañado. Una vez fui con la que por aquel entonces era mi novia, y no le gustó el sitio. Decía que era siniestro, y en parte tenía razón; había en aquel lugar un toque de misterio y romanticismo. Un lugar apropiado para un asesinato o un suicidio.
    Clara (así se llamaba) desapareció de mi vida poco tiempo después, pero la casa y el árbol siguieron formando parte de mi universo hasta mucho tiempo después.
    Un buen día me subieron el sueldo. Había pasado la etapa de aprendizaje (que duró unos tres años) y me convertí en un feliz mileurista. Así que volví a plantearme el tema de restaurar la casita. No funcionó. El coste hubiera sido enorme y además el terreno estaba demasiado apartado de la civilización. Diez años después volví a intentarlo, pero nada, seguía siendo una locura.
    Así que así seguí, visitando aquél lugar cada vez más espaciadamente, y aburriéndome cada día más. Envejeciendo.  Me acercaba al árbol y acariciaba su corteza muerta, negra.
    A los cincuenta comencé a tener relativo éxito como gestor de empresas dedicadas al sector secundario. Me compré un cochazo, y volví a replantearme, por tercera vez, el restaurar la casa (que ya era una ruina) Quise visitar el lugar por última vez. Aparqué en el mismo lugar de siempre y bajé del coche.  Entonces, lo comprendí todo. Mi cerebro, como por arte de magia, relacionó todo lo existente. La materia. Ví cosas y comprendí cosas  incomprensibles. Lo onírico era la pura realidad. El mundo no era más que una palabra pronunciada torpemente. Todo era cercano, radical.
     

    Destruyamos el trabajo

    Destruyamos el  trabajo
    [A.M.Bonano]


    El trabajo es el argumento que se repite en todos los periódicos, conferencias, debates políticos e incluso en artículos y panfletos escritos por compañeros. Las grandes preguntas que se plantean son: ¿cómo hacer frente a la desocupación creciente? ¿cómo volver a dar un sentido a la profesionalidad laboral penalizada por la actual reestructuración capitalista? ¿cómo hallar caminos alternativos al trabajo tradicional? ¿es posible el reparto del trabajo?. La sociedad postindustrial ha resuelto el problema de la desocupación, al menos dentro de ciertos límites, dislocando la fuerza laboral hacia sectores más flexibles, fácilmente maniobrables y controlables. Ahora, en la realidad de los hechos, la amenaza social de la desocupación creciente es más teórica que práctica y es utilizada como arma política para disuadir a amplias capas de población de intentar direcciones organizativas que pongan en discusión las actuales directrices económicas. En la actualidad, siendo el trabajo mucho más controlable, precisamente en su forma cualificada, pegada al puesto de trabajo, se insiste sobre la necesidad de dar trabajo a la gente, por eso de reducir la desocupación. No porque ésta constituya un peligro en sí, sino más bien al contrario, porque el peligro podría venir de la misma experiencia de flexibilidad ahora ya hecha indispensable en las organizaciones productivas. El haber sustraído una identidad social que precisa el trabajador lleva a posibles consecuencias disgregativas que hacen más difícil el control. Del mismo modo, los intereses de formación profesional en su conjunto no permiten una formación de alto nivel, al menos no para la mayoría de los trabajadores. Se ha sustituido pues la pasada petición de profesionalidad por la actual de flexibilidad, es decir, de adaptabilidad a tareas laborales en constante modificación, a pesar de una empresa a otra; en suma, a una vida cambiante en función de las necesidades de los patronos. Desde la escuela se programa ahora esta adaptabilidad, evitando suministrar los elementos culturales de carácter institucional que una vez constituían el bagaje técnico mínimo sobre el cual el mundo del trabajo construía la profesionalidad. Esta ahora se reduce a unos pocos millares de personas que son preparadas en los másters universitarios, algunas veces a expensas de las mismas y grandes empresas que tratan así de acaparar a los sujetos más proclives a sufrir adoctrinamiento y, como consecuencia, un condicionamiento.

    Cambio de relaciones

    En el pasado el trabajador vivía en la empresa: tenía amistad con compañeros de trabajo; en el tiempo libre hablaba de los problemas del trabajo; frecuentaba estructuras recreativo-culturales de los trabajadores; y cuando iba de vacaciones acababa por hacerlo junto a la familia de otros compañeros de trabajo. Para completar el cuadro, especialmente en las grandes empresas, diferentes iniciativas sociales ligaban a las distintas familias con pasatiempos y excursiones; los hijos iban a escuelas asistidas financieramente por la misma empresa y cuando se jubilaba uno de ellos, era sustituido por alguno de sus hijos. Se cerraba así todo el círculo laboral que enmarcaba toda la personalidad del trabajador, pero también la de su familia, surgiendo de este modo una identificación total con la empresa. Pensemos, por poner un ejemplo, las decenas de operarios de la FIAT que animaban en Turín a la Juventus, el equipo de Agnelli. Todo este mundo ha decaído completamente. Aunque algún residuo continúa funcionando, ha desaparecido en su homogeneidad y en su uniformidad proyectual. En su lugar ha entrado una relación de trabajo donde la falta de una identidad profesional significa ausencia de una base sobre la cual el trabajador pueda proyectar su vida. Su único interés es ganar lo imprescindible para llegar a fin de mes o pagar el crédito de la casa. Ya en la condición precedente, la huida del trabajo se configuraba como una búsqueda de un modo alternativo de trabajar. El modelo era el del rechazo a la disciplina, el sabotaje sobre la línea de montaje, entendido como reducción de una opresiva cadencia, la búsqueda de retazos de tiempo. Así, el tiempo libre no institucionalizado, sino robado al atento control empresarial, estaba cargado de valor alternativo. Se respiraba fuera de los ritmos encarcelados de la fábrica o taller. Pero en aquellas condiciones el gusto del tiempo encontrado se envenenaba enseguida por la imposibilidad de suministrarle otro sentido que no fuera el mismo del ambiente laboral. Por eso, la abolición del trabajo significaba, hasta hace algunos años, la eliminación de fatiga, creación de un trabajo alternativo fácil y agradable, o bien -y esto en las tesis más avanzadas y bajo ciertos aspectos más utópicos y peregrinos- su sustitución por el juego, pero un juego que obliga, provisto de reglas y capaz de dar al individuo una identidad como jugador-trabajador. Es un hecho si se quiere interesante, pero que no escapa a las reglas esenciales del trabajo entendido en términos de organización global del control. De esto deriva que nos sea posible ninguna abolición del trabajo en términos de reparto progresivo del mismo, sino que se necesita proceder de manera destructiva. Antes que nada es el mismo capital el que ha desmantelado desde hace tiempo su formación productiva, sustrayendo al trabajador su propia identidad. De este modo, lo ha hecho «alternativo» sin que se haya dado cuenta de ello. Tiene libertad de palabra, vestuario, variabilidad de tareas, un modesto compromiso intelectual pedido, la seguridad de los procedimientos, la reducción de los tiempos de trábajo. En definitiva, que haya necesidad de una cantidad de trabajo muy inferior a la hoy obligatoria para percibir un salario era una reivindicación que ayer venía ilustrada por teóricos revolucionarios, mientras que hoy es patrimonio analítico del capitalismo post-industrial y se discute en congresos y reuniones destinadas a reestructurar la producción. Luchas por una reducción, pongamos de veinte horas semanales, del horario de trabajo no tienen sentido revolucionario, en cuanto que abre el camino a la solución de algunos problemas del capital y no el de la posible liberación de todos. La válvula de escape del voluntariado, sobre el que tan poco se discute mientras se trata de un argumento que merecería toda nuestra atención, podría suministrar una de las soluciones operativas a la reducción del horario de trabajo, sin que surja la preocupación de cómo las grandes masas huérfanas del control de un tercio de su jornada pudieran emplear el tiempo encontrado de nuevo. Visto en estos términos, el problema de la desocupación no es el de la crisis más grave del sistema productivo actual, sino un momento constitucional a su estructura, momento que puede ser institucionalizado a nivel oficial y recuperado como empleo proyectual del tiempo libre, siempre por obra de la misma formación productiva, y a través de las estructuras creadas para este fin. Razonado de este modo, se comprende mejor el análisis del capitalismo post-industrial como sistema homogéneo dentro del cual el movimiento de la crisis no existe, habiendo sido transformado en uno de los momentos del proceso productivo mismo.

    Ideales «alternativos»


    Otro punto a tratar es el de los ideales «alternativos» de vida fundados sobre el arreglárselas uno mismo. Estamos hablando de las pequeñas empresas fundadas sobre la autoproducción en laboratorios electrónicos y en otros pequeños almacenes, sin aire y sin luz para sobrecargarse de trabajo y demostrar que el capital de nuevo ha tenido razón. Si quisiéramos concentrar en una fórmula simple y breve el problema, podríamos decir que si una vez el trabajo confería una identidad social, la del trabajador. Esta identidad, integrada en la del ciudadano formaba el súbdito perfecto. Por ello, la huida del trabajo era un intento concretamente revolucionario, directo a romper el ahógo. Hoy, en el momento en que el capital no suministra más una identidad social al trabajador, sino que al contrario trata de utilizarlo de manera genérica y diferenciada, sin perspectiva y sin futuro, la única respuesta contraria al trabajo es la de destruirlo, procurando una propia proyectualidad, un propio futuro, una propia identidad social del todo nueva y contrapuesta a los intentos de nadificación puestos en marcha por el capitalismo postindustrial. Aquí vuelven a la actualidad algunas reflexiones que parecían de otro tiempo. El sabotaje, cuando se utilizaba, era solamente un medio de intimidación pero, lo que es más importante, golpeaba no sólo para obtener algo, sino que también y diré principalmente, para destruir. Y el objeto de destrucción es siempre el trabajo. Cierto que para atacar se necesita un proyecto, una conciencia de lo que se quiere hacer. El sabotaje es un juego fascinante, pero no puede ser el único juego que se desee jugar. Es necesario disponer de una multitud de juegos, varios y a menudo contrastantes, con el fin de evitar que la monotonía de uno de ellos o el conjunto de las reglas se transforme en un ulterior trabajo aburrido y repetitivo. El aspecto esencial de un proyecto de destrucción está ligado a la creatividad empujada al máximo nivel posible; ¿Qué podremos hacer con el dinero de todos los bancos que atraquemos si luego la única cosa que sabemos hecer es comprarnos un coche, una mansión, ir de discotecas, llenarnos de inútiles necesidades y aburrirnos a muerte hasta el próximo atraco?. Pienso que el rechazo del trabajo se puede identificar antes que nada con un deseo de hacer las cosas que más placen, por eso de transformar cualitativamente el hacer en actividad libre, esto es, en acción. Pero la condición actival el hacer libre, no se consigue de una vez por todas. No puede nunca pertenecer a una situación externa a nosotros y nosotras. Necesitamos profundizar en nuestro propio proyecto creativo, sobre lo que se quiere hacer de la propia vida y de los medios de los que se está en posesión no trabajando. Porque ninguna suma de dinero podrá nunca liberarnos de la necesidad de trabajar y de todas aquellas otras necesidades que se nos crean.

    M. Bonnano.  

    La Abolición del Trabajo - Bob Black

     
     
     
     
    La Abolición Del Trabajo

    por Bob Black

    Nadie debería trabajar.

    El trabajo es la fuente de casi toda la miseria en el mundo. Casi todos los males que puedas mencionar provienen del trabajo, o de vivir en un mundo diseñado para el trabajo. Para dejar de sufrir, tenemos que dejar de trabajar.

    Esto no significa que tenemos que dejar de hacer cosas. Significa crear una nueva forma de vivir basada en el juego; en otras palabras, una convivencia lúdica, comensalismo, o tal vez incluso arte. El juego no es sólo el de los niños, con todo y lo valioso que éste es. Pido una aventura colectiva en alegría generalizada y exhuberancia libremente interdependiente. El juego no es pasivo. Sin duda necesitamos mucho mas tiempo para la simple pereza y vagancia que el que tenemos ahora, sin importar los ingresos y ocupaciones, pero, una vez recobrados de la fatiga inducida por el trabajo, casi todos nosotros queremos actuar. El Oblomovismo y el Estajanovismo son dos lados de la misma moneda despreciada.

    La vida lúdica es totalmente incompatible con la realidad existente. Peor para la "realidad", ese pozo gravitatorio que absorbe la vitalidad de lo poco en la vida que aún la distingue de la simple supervivencia. Curiosamente -- o quizás no -- todas las viejas ideologías son conservadoras porque creen en el trabajo. Algunas de ellas, como el Marxismo y la mayoría de las ramas del anarquismo, creen en el trabajo aún mas fieramente porque no creen en casi ninguna otra cosa.

    Los liberales dicen que deberíamos acabar con la discriminación en los empleos. Yo digo que deberíamos acabar con los empleos. Los conservadores apoyan leyes del derecho-a-trabajar. Siguiendo al yerno descarriado de Karl Marx, Paul Lafargue, yo apoyo el derecho a ser flojo. Los izquierdistas favorecen el empleo total. Como los surrealistas -- excepto que yo no bromeo -- favorezco el desempleo total. Los Troskistas agitan por una revolución permanente. Yo agito por un festejo permanente. Pero si todos las ideólogos defienden el trabajo (y lo hacen) -- y no sólo porque planean hacer que otras personas hagan el suyo -- son extrañamente renuentes a admitirlo. Hablan interminablemente acerca de salarios, horas, condiciones de trabajo, explotación, productividad, rentabilidad. Hablarán alegremente sobre todo menos del trabajo en sí mismo. Estos expertos que se ofrecen a pensar por nosotros raramente comparten sus ideas sobre el trabajo, pese a su importancia en nuestras vidas. Discuten entre ellos sobre los detalles. Los sindicatos y los patronos concuerdan en que deberíamos vender el tiempo de nuestras vidas a cambio de la supervivencia, aunque regatean por el precio. Los Marxistas piensan que deberíamos ser mandados por burócratas. Los anarco-capitalistas piensan que deberíamos ser mandados por empresarios. A las feministas no les importa cuál sea la forma de mandar, mientras sean mujeres las que manden. Es claro que estos ideo-locos tienen serias diferencias acerca de cómo dividir el botín del poder. También es claro que ninguno de ellos tiene objeción alguna al poder en sí mismo, y todos ellos desean mantenernos trabajando.

    Debes estar preguntándote si bromeo o hablo en serio. Pues bromeo y hablo en serio. Ser lúdico no es ser ridículo. El juego no tiene que ser frívolo, aunque la frivolidad no es trivialidad: con frecuencia debemos tomar en serio la frivolidad. Deseo que la vida sea un juego -- pero un juego con apuestas altas. Quiero jugar para ganar.

    La alternativa a trabajar no es el ocio sólamente. Ser lúdico no es ser estático. Aunque valoro el placer de la pereza, nunca es mas satisfactoria que cuando sirve de intermedio entre otros placeres y pasatiempos. Tampoco promuevo esa válvula de seguridad disciplinada y gerenciada llamada "tiempo libre"; nada de eso. El tiempo libre es no trabajar por el bien del trabajo. El tiempo libre es tiempo gastado en recobrarse del trabajo, y en el frenético pero inútil intento de olvidarse del trabajo. Mucha gente regresa de sus vacaciones tan agotada que desean volver al trabajo para descansar. La diferencia principal entre el tiempo libre y el trabajo es que al menos te pagan por tu alienación y agotamiento.

    No estoy jugando a las definiciones. Cuando digo que quiero abolir el trabajo, me refiero justo a lo que digo, pero quiero decir a lo que me refiero definiendo mis términos de formas no idiosincráticas. Mi definición mínima del trabajo es labor forzada, es decir, producción impuesta. Ámbos elementos son esenciales. El trabajo es producción impuesta por medios económicos o políticos, por la zanahoria o el látigo (la zanahoria es sólo el látigo por otros medios). Pero no toda creación es trabajo. El trabajo nunca es hecho por amor al trabajo mismo, sino para obtener un producto o resultado que el trabajador (o, con mas frecuencia, alguien más) recibe del mismo. Esto es lo que el trabajo debe ser. Definirlo es despreciarlo. Pero el trabajo es usualmente peor de lo que indica su definición. La dinámica de dominación contenida por el trabajo tiende a desarrollarse con el tiempo. En las sociedades avanzadas e infestadas de trabajo, incluyendo todas las sociedades industriales, capitalistas o "comunistas", el trabajo siempre adquiere otros atributos que lo hacen aún más nocivo.

    Usualmente -- y esto es aún más cierto en los países "comunistas" que en los capitalistas, donde el estado es casi el único patrono y todos són empleados -- el trabajo es asalariado, lo que significa venderte a tí mismo a plazos. Así que el 95% de los estadounidenses que trabajan, trabajan para alguien (o algo) más. En la URSS o Cuba o Yugoslavia o cualquier otro modelo alternativo que puedas mencionar, la cifra correspondiente se aproxima al 100%. Solo los fortificados bastiones de campesinos del Tercer Mundo -- Méjico, India, Brasil, Turquía -- albergan temporalmente concentraciones significativas de agricultores que perpetúan el acuerdo tradicional de la mayoría de los trabajadores en los últimos milenios: el pago de impuestos (= rescate) al estado o renta a los parasíticos terratenientes, a cambio de que les dejen en paz en todo lo demás. Incluso éste simple trato empieza a verse agradable. Todos los trabajadores industriales (y de oficina) se encuentran bajo el tipo de supervisión que asegura la servilidad.

    Pero el trabajo moderno tiene peores implicaciones. La gente no sólo trabaja, tienen "empleos". Una persona realiza una tarea productiva todo el tiempo "¡o si no...!". Aún si la tarea tiene aunque sea un átomo de interés intrínseco (y cada vez menos trabajos lo tienen) la monotonía de su obligatoriedad exclusiva elimina su potencial lúdico. Un "empleo" que podría atraer la energía de algunas personas, por un tiempo razonable, por pura diversión, es tan sólo una carga para aquellos que tienen que hacerlo por cuarenta horas a la semana sin voz ni voto sobre cómo debería hacerse, para beneficio de propietarios que no contribuyen en nada al proyecto, y sin oportunidad de compartir las tareas o distribuir el trabajo entre aquellos que tienen que hacerlo. Este es el verdadero mundo del trabajo: Un mundo de estupidez burocrática, de acoso sexual y discriminación, de jefes cabeza hueca explotando y descargando la culpa sobre sus subordinados, quienes -- según cualquier criterio técnico-racional -- deberían estar dirigiendo todo. Pero el capitalismo en el mundo real sacrifica la maximización racional de la productividad y el beneficio ante las exigencias del control organizacional.

    La degradación que experimentan la mayoría de los trabajadores es la suma de varias indignidades que pueden ser denominadas como "disciplina". Foucault ve este fenómeno de manera complicada, pero es muy simple. La disciplina consiste en la totalidad de los controles totalitarios en el lugar de trabajo -- supervisión, movimientos repetitivos, ritmos de trabajo impuestos, cuotas de producción, marcar tarjeta, etc. La disciplina es lo que la fábrica, la oficina y la tienda comparten con la cárcel, la escuela y el hospital psiquiátrico. Es algo históricamente nuevo y horrible. Va más allá de las capacidades de los dictadores demoníacos de antaño como Nerón y Gengis Khan e Iván el Terrible. Pese a sus malas intenciones, ellos no tenían la maquinaria para controlar a sus súbditos tan completamente como los déspotas modernos. La disciplina es el modo de control moderno, especialmente diabólico, es una irrupción novedosa que debe ser detenida a la primera oportunidad.

    Eso es el "trabajo". El juego es todo lo contrario. El juego es siempre voluntario. Lo que de otro modo sería un juego, es trabajo si es forzado. Esto es axiomático. Bernie de Koven ha definido el juego como la "suspensión de las consecuencias". Esto es inaceptable si significa que el juego es inconsecuente. No es que el juego no tenga consecuencias. Eso sería rebajar al juego. El asunto es que las consecuencias, si las hay, són gratuitas. El jugar y el dar están estrechamente relacionados, son facetas conductuales y transaccionales del mismo impulso, el instinto-de-jugar. Ámbos comparten un desdén aristocrático hacia los resultados. El jugador recibe algo al jugar; es por eso que juega. Pero la recompensa principal es la experiencia de la actividad misma (cualquiera que sea). Algunos estudiosos del juego, normalmente atentos (como el Homo Ludens de Johan Huizinga), lo definen como "seguir reglas". Respeto la erudicción de Huizinga pero rechazo enfáticamente sus restricciones. Existen buenos juegos (ajedrez, baseball, monopolio, bridge) que están regidos por reglas, pero hay mucho mas en jugar que seguir reglas. La conversación, el sexo, el baile, los viajes -- estas prácticas no siguen reglas, pero son juegos sin la menor duda. Y es posible jugar con las reglas tanto como con cualquier otra cosa.

    El trabajo hace de la libertad una burla. El discurso oficial dice que todos tenemos derechos y vivimos en una democracia. Otros desafortunados que no són libres como nosotros tienen que vivir en estados policiales. Estas víctimas obedecen órdenes "¡o si no...!", sin importar cuán arbitrarias. Las autoridades les mantienen bajo supervisión constante. Los burócratas del Estado controlan hasta los detalles más pequeños de la vida diaria. Los oficiales que les empujan de un lado a otro sólo responden ante sus superiores, públicos o privados. De cualquier modo, la disensión y la desobediencia són castigados. Los informantes reportan regularmente a las autoridades. Se supone que todo esto es muy malo.

    Y lo es, exepto que no es sino una descripción del puesto de trabajo moderno. Los liberales y conservadores y anarco-capitalistas que lamentan el totalitarismo són falsos e hipócritas. Hay mas libertad en cualquier dictadura moderadamente desestalinizada que en el típico puesto de trabajo estadounidense. Encuentras el mismo tipo de jerarquía y disciplina en una oficina o fábrica que en una cárcel o monasterio. De hecho, como Foucault y otros han mostrado, las cárceles y las fábricas surgieron casi al mismo tiempo, y sus operadores copiaron conscientemente las técnicas de control de unas y de otras. Un trabajador es un esclavo de medio tiempo. El jefe dice cuándo llegar, cuándo irse, y qué hacer entre los dos. Te dice cuánto trabajo hacer y qué tan rápido. Puede llevar su control hasta extremos humillantes, regulando, si le da la gana, las ropas que llevas o qué tan a menudo puedes ir al baño. Con unas pocas excepciones, puede despedirte por cualquier razón, o sin razón. Eres espiado por informantes y supervisores, amasa un expediente de cada empleado. Contestarle es llamado "insubordinación", como si el trabajador fuese un niño malo, y no sólo hace que te despidan, te descalifica para compensación de desempleo. Sin aprobarlo necesariamente para ellos tampoco, hay que señalar que los niños en la casa y en la escuela reciben un tratamiento similar, en este caso justificado por su supuesta inmadurez. ¿Qué nos dice ésto acerca de sus padres y maestros que trabajan?

    El humillante sistema de dominación que he descrito rige sobre la mitad de las horas de vigilia de una mayoria de mujeres y la vasta mayoría de los hombres por décadas, por la mayor parte de sus vidas. Para ciertos propósitos, no es del todo erróneo llamar a nuestro sistema democracia o capitalismo o -- mejor aún -- industrialismo, pero sus verdaderos nombres són fascismo de fábrica y oligarquía de oficina. Quien diga que esta gente es "libre" es un mentiroso o un estúpido. Eres lo que haces. Si haces trabajo aburrido, estúpido y monótono, lo mas probable es que tú mismo acabarás siendo aburrido, estúpido y monótono. El trabajo explica la creciente cretinización a nuestro alrededor mucho mejor que otros mecanismos idiotizantes como la televisión y la educación. Quienes viven marcando el paso todas sus vidas, llevados de la escuela al trabajo y enmarcados por la familia al comienzo y el asilo al final, están habituados a la jerarquía y esclavizados psicológicamente. Su aptitud para la autonomía se encuentra tan atrofiada, que su miedo a la libertad es una de sus pocas fobias con base racional. El entrenamiento de obediencia en el trabajo se traslada hacia las familias que inician, reproduciendo así el sistema en más de una forma, y hacia la política, la cultura y todo lo demás. Una vez que absorbes la vitalidad de la gente en el trabajo, es probable que se sometan a la jerarquía y la experticia en todo. Están acostumbrados a ello.

    Vivimos tan cerca del mundo del trabajo que no vemos lo que nos hace. Tenemos que basarnos en observadores externos de otros tiempos u otras culturas para apreciar el extremismo y la patología de nuestra posición presente. Hubo un tiempo en nuestro pasado en que la "ética del trabajo" hubiese sido incomprensible, y quizás Weber comprendió algo importante cuando conectó su aparición con una religión, el Calvinismo, que si hubiese aparecido hoy, en vez de hace cuatro siglos, hubiese sido llamado acertadamente una secta. De cualquier forma, sólo tenemos que usar la sabiduría de la antiguedad para poner el trabajo en perspectiva. Los antiguos veían el trabajo tal como era, y su punto de vista prevaleció, pese a los locos calvinistas, hasta que fué desterrado por el industrialismo -- pero no ántes de ser promovido por sus profetas.

    Imaginemos por un momento que el trabajo no convierte a la gente en sumisos atontados. Imaginemos, contra cualquier psicología creíble y contra la ideología de sus defensores, que no tiene efecto en la formación del carácter. E imaginemos que el trabajo no es tan aburrido, agotador y humillante como todos sabemos que realmente es. Aún así, el trabajo sigue siendo una burla de todas las aspiraciones democráticas y humanísticas, sólo porque usurpa tanto de nuestro tiempo. Sócrates dijo que los trabajadores manuales suelen ser malos amigos y malos ciudadanos, porque no tienen tiempo de cumplir con las responsabilidades de la amistad y la ciudadanía. Tenía razón. A causa del trabajo, sin importar lo que hagamos, nos la pasamos mirando los relojes. La única cosa "libre" sobre el llamado tiempo libre es que no le cuesta nada al jefe. El tiempo libre está dedicado en su mayoría a prepararse para ir al trabajo, ir al trabajo, regresar del trabajo, y recobrándose del trabajo. El tiempo libre es un eufemismo para la manera peculiar en que el trabajador, como factor de producción, no sólo se transporta a sí mismo, a sus propias expensas, desde y hacia el puesto de trabajo, sino que además asume la responsabilidad por su propio mantenimiento y reparación. El carbón y el acero no hacen eso. Las máquinas fresadoras y las de escribir no hacen eso. Pero los empleados lo hacen. Con razón Edward G. Robinson, en una de sus películas de gangsters, exclamó "¡el trabajo es para los estúpidos!"

    Platón y Jenofonte atribuyen a Sócrates, y obviamente comparten con él, una comprensión de los efectos destructivos del trabajo en el trabajador como ciudadano y como ser humano. Herodoto identificó el desprecio por el trabajo como un atributo de los griegos clásicos en la cumbre de su cultura. Cicerón dijo que "quien da su labor a cambio de dinero se vende a sí mismo, y se coloca al mismo nivel que los esclavos". Su candor es raro ahora, pero las sociedades primitivas contemporáneas a las que solemos ver con desprecio nos proveen de portavoces que han intrigado a los antropólogos de Occidente. Los Kapaku de Irián del Oeste, según Posposil, tienen una concepción de balance en la vida, y por ello trabajan un día si y otro no, el día de descanso destinado a "recobrar el poder y salud perdidos". Nuestros antepasados, incluso en el siglo dieciocho, cuando ya habían recorrido la mayor parte del camino hacia nuestro actual predicamento, al menos sabían lo que nosotros hemos olvidado, el lado siniestro de la industrialización. Su devoción religiosa a "San Lunes" -- con lo cual establecieron una semana laboral de cinco días 150-200 años antes de su consagración legal -- era la desesperación de los primeros propietarios de fábricas. Les tomó un largo tiempo someterse a la tiranía de la campana, predecesora del reloj. De hecho, se necesitó una generación o dos para reemplazar adultos varones con mujeres acostumbradas a la obediencia y niños que podían ser moldeados para ajustarse a las necesidades industriales. Incluso los campesinos explotados del Antíguo Régimen le sustraían un tiempo sustancial a su trabajo para el Señor. De acuerdo a Lafargue, un cuarto del calendario de los campesinos franceses estaba dedicado a domingos y días festivos, y las cifras de Chayanov sobre los poblados de la Rusia Zarista -- nada más lejos de una sociedad progresista -- también muestra que un cuarto o quinto de los días de los campesinos se dedicaba al reposo. Controlando para la productividad, estamos obviamente muy por detrás de éstas sociedades atrasadas. Los muziks explotados se preguntarían porqué cualquiera de nosotros se molesta siquiera en trabajar. También nosotros deberíamos.

    Sin embargo, para captar completamente la enormidad de nuestro deterioro, consideremos la condición original de la humanidad, sin gobierno o propiedad, cuando vagábamos como cazadores-recolectores. Hobbes decía que la vida era violenta, brutal y breve. Otros asumen que la vida era una lucha desesperada y sin cuartel por la subsistencia, una guerra contra la naturaleza, con la muerte y el desastre esperando a los desafortunados o a cualquiera que no estuviese a la altura del desafío de la lucha por la existencia. En realidad, todo eso era una proyección de los miedos ante el colapso de la autoridad del gobierno sobre comunidades que no estaban acostumbradas a vivir sin él, como la Inglaterra de Hobbes durante la Guerra Civil. Los compatriotas de Hobbes ya habían encontrado formas de sociedad alternativas que ilustraban otras formas de vida -- en Norte América, en particular -- pero incluso éstas se hallaban demasiado lejos de su experiencia para ser comprensibles. (Las clases bajas, mas cercanas a la condición de los indios, lo entendieron mejor y a menudo la encontraron atractiva. A lo largo del siglo diecisiete, muchos colonos ingleses desertaron para unirse a las tribus o, habiendo sido capturados en la guerra, se rehusaron a volver. Pero los indios no desertaban a las colonias inglesas, al igual que los alemanes nunca saltan el Muro de Berlín hacia el Este). La versión de la "supervivencia del más apto" -- la versión de Thomas Huxley -- del Darwinismo era más una crónica de las condiciones económicas de la Inglaterra victoriana que de la selección natural, como lo demostró el anarquista Kropotkin en su libro El Apoyo Mutuo, Un Factor de la Evolución. (Kropotkin era un científico -- un geógrafo -- que tuvo amplias oportunidades involuntariamente para hacer trabajo de campo mientras estaba exiliado en Siberia: sabía de lo que estaba hablando). Como la mayoría de las teorías sociales y políticas, las historias que Hobbes y sus sucesores contaban eran en realidad autobiografías.

    El antropólogo Marshall Sahlins, examinando datos sobre cazadores-recolectores contemporáneos, deshizo el mito Hobbesiano en un artículo titulado "La Sociedad Afluente Original". Ellos trabajan mucho menos que nosotros, y su trabajo es difícil de distinguir de lo que llamamos juego. Sahlins concluyó que "los cazadores y recolectores trabajan menos que nosotros; y más que un trabajo contínuo, la búsqueda de comida es intermitente, el tiempo libre es abundante, y pasan más tiempo durmiendo durante el día, por persona y año, que en cualquier otra condición de la sociedad". Trabajaban un promedio de cuatro horas por día, asumiendo que "trabajasen" en lo absoluto. Su "labor", tal como nos parece a nosotros, era labor especializada que ejercía sus facultades intelectuales y físicas; labor no especializada en gran escala, como dice Sahlins, es imposible excepto bajo el industrialismo. Por tanto, satisfacía la definición de juego según Friedrich Schiller, la única ocasión en que el hombre realiza su completa humanidad al dar completa expresión a ámbos lados de su naturaleza: pensar y sentir. Como él decía: "El animal trabaja cuando es la privación lo que lo motiva, y juega cuando la plenitud de su fuerza es su motivador, cuando la vida superabundante es su propio estímulo para la actividad". (Una versión moderna -- dudosamente mjorada -- es la contraposición, hecha por Abraham Maslow, entre motivación por "deficiencia" y por "crecimiento") El juego y la libertad són, en lo que se refiere a la producción, coextensivos. Aún Marx, quien pertenece (pese a sus buenas intenciones) al panteón productivista, observó que "el reino de la libertad no comienza hasta que se ha sobrepasado la necesidad de laborar bajo la compulsión de la necesidad y la utilidad externa". Él nunca pudo llegar a identificar esta feliz circunstancia como lo que es, la abolición del trabajo -- es más bien anómalo, después de todo, estar a favor de los trabajadores y en contra del trabajo -- pero nosotros sí podemos.

    El deseo de retroceder (o avanzar) hacia una vida sin trabajo es evidente en cada historia social o cultural seria de la Europa preindustrial, entre ellas Inglaterra En Transición de M. Dorothy George y Cultura Popular A Comienzos de La Europa Moderna de Peter Burke. También es pertinente el ensayo de Daniel Bell, "El Trabajo y sus Descontentos", el primer texto, según creo, en referirse a la "rebelión contra el trabajo" con esas mismas palabras y, si hubiese sido comprendido, hubiese sido una importante corrección a la complacencia que suele asociarse con el volúmen en que fué incluído, El Fin de la Ideología. Ni sus críticos ni sus celebrantes han notado que la tesis sobre el fin-de-la-ideología de Bell no se refería al fin de la lucha social, sino el comienzo de una nueva fase, no restringida ni dirigida por ideologías. Fué Seymour Lipset (en El Hombre Político), no Bell, quien anunció al mismo tiempo que "los problemas fundamentales de la Revolución Industrial han sido resueltos", tan sólo algunos años antes de que los descontentos post- o meta-industriales entre los estudiantes universitarios hicieran a Lipset abandonar la universidad de Berkeley y buscar la tranquilidad relativa (y temporal) de Harvard.

    Como indica Bell, Adam Smith en su Riqueza de las Naciones, pese a su entusiasmo por el mercado y la división del trabajo, estaba más alerta (y era más honesto) sobre el lado oscuro del trabajo, que Ayn Rand o los economistas de Chicago o cualquiera de los modernos seguidores de Smith. Como observó Smith: "el entendimiento de la mayoría de los hombres se forma necesariamente por sus ocupaciones habituales. El hombre que se pasa la vida efectuando unas cuantas operaciones simples... no tiene ocasión de ejercer su entendimiento... Por lo general se vuelve tan estúpido e ignorante como es posible que una criatura humana llegue a serlo." He aquí, en pocas y simples palabras, mi crítica del trabajo. Bell, escribiendo en 1956, la Edad de Oro de la imbecilidad Eisenhoweriana y autosatisfacción estadounidense, identificó la crisis desorganizada e inorganizable de los setenta y más allá, la crisis que ninguna tendencia política es capaz de canalizar, la crisis que fué identificada en el reporte de la HEW, El Trabajo en América, la crisis que no puede ser aprovechada y, por lo tanto, es ignorada. Esa crisis es la rebelión contra el trabajo. No figura en ningún texto de ningún economista del laisez-faire -- Milton Friedman, Murray Rothbard, Richard Posner -- porque, en sus términos, como solían decir en Viaje a las Estrellas, "no computa".

    Si estas objeciones, formadas por el amor a la libertad, no convencen a los humanistas de tipo utilitario e incluso paternalista, existen otras que ellos no pueden despreciar. Para fusilarme el título de un libro: El trabajo es nocivo para tu salud. De hecho, el trabajo es asesinato en masa o genocidio. Directa o indirectamente, el trabajo matará a la mayoría de los que lean estas palabras. Entre 14.000 y 25.000 trabajadores mueren en este país anualmente en el lugar de trabajo. Mas de dos millones quedan deshabilitados. De veinte a veinticinco millones són heridos cada año. Y estas cifras se basan en una estimación muy conservadora acerca de qué constituye una herida relacionada con el trabajo. Por ejemplo, no cuentan el medio millón de casos de enfermedad ocupacional cada año. Hojeé un libro de texto médico sobre enfermedades ocupacionales y tenía 1.200 páginas. Incluso esto apenas es la punta del iceberg. Las estadísticas disponibles cuentan los casos obvios, como los 100.000 mineros que tienen el mal del pulmón negro, de quienes mueren 4.000 cada año, una tasa de mortalidad mucho mayor que la del SIDA, por ejemplo, que recibe tanta atención de los medios. Esto refleja la creencia sobreentendida de que el SIDA aflige a pervertidos que podrían controlar su depravación mientras que la extracción de carbón es una actividad sacrosanta e incuestionable. Lo que las estadísticas no muestran es que decenas de millones de personas ven reducidas sus expectativas de vida a causa del trabajo -- que es lo que significa la palabra homicidio, después de todo. Considera a los doctores que trabajan hasta morir a los cincuenta y tantos. Considera a todos los otros adictos al trabajo.

    Aún si no quedas muerto o inválido mientras trabajas, también puedes morir mientras vas al trabajo, regresas del trabajo, buscas trabajo, o tratas de olvidarte del trabajo. La gran mayoría de las víctimas del automóvil estaban realizando algunas de estas actividades obligadas por el trabajo, o cayeron víctimas de alguien que las hacía. A este conteo de cadáveres se debe añadir las víctimas de la contaminación auto-industrial y la adicción al alcohol y drogas inducida por el trabajo. Tanto el cáncer como las enfermedades cardíacas són aflicciones modernas cuyo orígen se puede rastrear, directa o indirectamente, hacia el trabajo.

    El trabajo, entonces, institucionaliza el homicidio como forma de vida. La gente piensa que los Camboyanos estaban locos al exterminarse a sí mismos, pero ¿somos nosotros diferentes? El régimen de Pol Pot al menos tenía una visión, aunque borrosa, de una sociedad igualitaria. Nosotros matamos gente en el rango de las seis cifras (por lo menos) para vender Big Macs y Cadillacs a los que sobrevivan. Nuestras cuarenta o cincuenta mil muertes anuales en la autopista són víctimas, no mártires. Murieron por nada -- o más bien, murieron por trabajar. Pero el trabajo no es algo por lo que valga la pena morir.

    Malas noticias para los liberales: el trasteo regulatorio es inútil en este contexto de vida-o-muerte. La Administración de Seguridad y Salud Ocupacional estaba diseñada para vigilar la parte central del problema, la seguridad en el puesto de trabajo. Incluso antes de que Reagan y la Corte Suprema la deshabilitasen, la ASSO era una farsa. Incluso en los tiempos en que el presidente Carter le otorgaba fondos generosos (para la norma actual), un puesto de trabajo podía esperar una visita sorpresa de un inspector de la ASSO cada 46 años.

    El control estatal de la economía no es solución. El trabajo es más peligroso en los países con socialismo de estado de lo que lo es aquí. Miles de obreros rusos murieron o resultaron heridos construyendo el metro de Moscú. Existen montones de historias sobre desastres nucleares soviéticos encubiertos que hacen que Times Beach o Three Mile Island parezcan simulacros de ataque aéreo de escuela primaria. Por otro lado, la desregulación, de moda actualmente, no ayudará y probablemente hará más daño. Desde el punto de vista de la salud y la seguridad, el trabajo estaba en su peor momento en aquellos días cuando la economía se acercaba más al libre mercado.

    Historiadores como Eugenio Genovese han argumentado contundentemente que -- como decían los defensores de la esclavitud de antaño -- los trabajadores asalariados en los estados del Norte de la Unión y en Europa vivían peor que los esclavos en las plantaciones del Sur. Ningún reajuste de las relaciones entre los burócratas y los empresarios parece hacer mucha diferencia a nivel de quienes hacen la producción. Si se impusieran seriamente incluso las normas más vagas de la ASSO, la economía se estancaría por completo. Los vigilantes aparentemente se percatan de ello, ya que ni siquiera intentan arrestar a los malechores.

    Lo que he dicho hasta ahora no debería ser controversial. Muchos trabajadores están hartos del trabajo. Las tasas de ausentismo, despidos, robo y sabotaje por parte de empleados, huelgas ilegales, y flojera general en el trabajo són altas y van subiendo. Podría haber un movimiento hacia un rechazo consciente y no sólo visceral del trabajo. Y sin embargo, el sentimiento prevalente, universal entre los patronos y sus agentes, y muy extendida entre los trabajadores mismos, es que el trabajo mismo es inevitable y necesario.

    Yo discrepo. Ahora es posible abolir el trabajo y reemplazarlo, hasta donde sirve a propósitos útiles, con una multitud de nuevos tipos de actividades libres. Abolir el trabajo requiere ir hacia él desde dos direcciones, cuantitativa y cualitativa. Por el lado cuantitativo, hemos de recortar masivamente la cantidad de trabajo que se hace. En la actualidad, la mayor parte del trabajo es inútil o peor, y deberíamos deshacernos de él. Por el lado cualitativo -- y pienso que esta es la base del asunto, y el punto de partida nuevo y revolucionario -- hemos de tomar el trabajo útil que queda y transformarlo en una agradable variedad de pasatiempos parecidos al juego y la artesanía, que no se puedan distinguir de otros pasatiempos placenteros, excepto que sucede que generan productos útiles. Sin duda eso no los hará menos estimulantes. Entonces, todas las barreras artificiales del poder y la propiedad se vendrían abajo. La creación se convertiría en recreación. Y podríamos dejar de vivir temerosos los unos de los otros.

    No estoy sugiriendo que la mayoría del trabajo pueda salvarse de esta manera. Pero la mayoría del trabajo no vale la pena salvarlo. Solo una fracción pequeña y menguante del trabajo sirve para algún propósito útil, aparte de la defensa y reproducción del sistema del trabajo y sus apéndices políticos y legales. Hace veinte años, Paul y Percival Goodman estimaron que sólo el cinco por ciento del trabajo que se hacía entonces -- presuntamente la cifra, de ser exacta, es aún más baja ahora -- bastaría para cubrir nuestras necesidades mínimas de comida, ropa, y techo. Su cálculo era sólo una aproximación educada, pero el punto clave está claro: directa o indirectamente, la mayor parte del trabajo sirve los propósitos improductivos del comercio o el control social. De inmediato podemos liberar a decenas de millones de vendedores, soldados, gerentes, policías, guardias, publicistas y todos los que trabajan para ellos. Es un efecto de avalancha, puesto que cada vez que dejas sin trabajo a un pez gordo, también liberas a sus lacayos y subordinados. Y entonces la economía implota.

    El cuarenta por ciento de la fuerza laboral son trabajadores de cuello blanco, la mayoría de los cuales tienen algunos de los empleos más tediosos e idiotas jamás concebidos. Industrias enteras, seguros y bancos y bienes raíces por ejemplo, no consisten en nada más que mover papeles inútiles de un lado a otro. No es accidente que el "sector terciario", el sector de servicios, esté creciendo mientras el "sector secundario" (industria) se atasca y el "sector primario" (agricultura) casi desaparece. Porque el trabajo es innecesario excepto para aquellos cuyo poder asegura, los trabajadores son desplazados desde ocupaciones relativamente útiles a relativamente inútiles, como una medida para asegurar el órden público. Cualquier cosa es mejor que nada. Es por eso que no puedes irte a casa sólo porque terminaste temprano. Quieren tu tiempo, lo suficiente para que les pertenezcas, aún si no tienen uso para la mayor parte del mismo. De no ser así, ¿por qué la semana de trabajo promedio no ha disminuído mas que unos cuantos minutos en los últimos cincuenta años?

    A continuación, podemos aplicar el machete al trabajo de producción mismo. No más producción de guerra, energía nuclear, comida chatarra, desodorante de higiene femenina -- y por sobre todo, no más industria automovilística digna de ese nombre. Un Barco de Vapor Stanley o un automóvil Modelo-T ocasionales estaría bien, pero el auto-erotismo del cual dependen nidos de ratas como Detroit y Los Angeles queda fuera del mapa. Con esto, sin haberlo intentado siquiera, hemos resuelto la crisis de energía, la crisis ambiental y un montón de otros problemas sociales insolubles.

    Finalmente, debemos deshacernos de la mayor de las ocupaciones, la que tiene el horario más largo, el salario más bajo, y algunas de las tareas más tediosas. Me refiero a las amas de casa y el cuidado de niños. Al abolir el trabajo asalariado y alcanzar el desempleo total, atacamos la división sexual del trabajo. El núcleo familiar como lo conocemos es una adaptación inevitable a la división del trabajo impuesta por el moderno trabajo asalariado. Te guste o no, tal como han sido las cosas durante los últimos cien o doscientos años, es económicamente racional que el hombre traiga el pan a la casa y que la mujer haga el trabajo sucio y le provea de un refugio de paz en un mundo despiadado, y que los niños sean enviados a campos de concentración juveniles llamados "escuelas", principalmente para que no sean una carga tan grande para mamá pero aún sean mantenidos bajo control, pero también para que adquieran los hábitos de obediencia y puntualidad que tanto necesitan los trabajadores. Si deseas deshacerte de la patriarquía, deshazte del núcleo familiar cuyo no pagado "trabajo invisible", como dice Ivan Illich, hace posible el sistema del trabajo que a su vez hace necesario el núcleo familiar. A la lucha anti-armas nucleares está ligada la abolición de la infancia y el cierre de las escuelas. Hay más estudiantes de tiempo completo que trabajadores de tiempo completo en este país. Necesitamos a los niños como maestros, no estudiantes. Tienen mucho que contribuir a la revolución lúdica, porque ellos són mejores en el juego que las personas maduras. Los adultos y los niños no són idénticos, pero se harán iguales a través de la interdependencia. Sólo el juego puede cerrar la brecha generacional.

    Aún no he mencionado siquiera la posibilidad de recortar el poco trabajo que aún queda por vía de la automatización y la cibernética. Todos los científicos, ingenieros y técnicos, liberados de molestarse en investigación de guerra y obsolecencia planeada, se la pasarían en grande inventando medios para eliminar la fatiga, el tedio y el peligro de actividades como la minería. Sin duda hallarán otros proyectos en qué divertirse. Quizás establezcan redes globales de comunicaciones multimedia o colonicen el espacio exterior. Quizás. Personalmente, no soy fanático de los aparatos. No me interesa la idea de vivir en un paraíso donde sólo haya que presionar botones. No quiero que robots esclavos hagan todo; quiero hacer las cosas yo mismo. Existe, creo, un lugar para las tecnologías que ahorran trabajo, pero un lugar modesto. El registro histórico y pre-histórico no es esperanzador. Cuando la tecnología productiva pasó de caza-recolección a la agricultura y a la industria, el trabajo se incrementó mientras la especialización y la autodeterminación disminuyeron. La evolución posterior del industrialismo ha acentuado lo que Harry Braverman llamó la degradación del trabajo. Los observadores inteligentes siempre han sido conscientes de ésto. John Stuart Mill escribió que todos los inventos para ahorrar trabajo que se han creado no han ahorrado ni un momento de trabajo. Karl Marx escribió que "sería posible escribir una historia de los inventos hechos desde 1830 para el único propósito de proveer al capital con armas contra las revueltas de la clase obrera". Los tecnófilos entusiastas -- Saint-Simon, Comte, Lenin, B.F. Skinner -- han sido siempre completos autoritarios también; es decir, tecnócratas. Deberíamos ser más que escépticos con las promesas de los místicos de las computadoras. Ellos trabajan como mulas; lo más seguro es que, si se salen con la suya, también el resto de nosotros lo hará. Pero, si tienen alguna contribución particular más subordinada a los propósitos humanos, pues escuchémosles.

    Lo que realmente deseo es ver el trabajo convertido en juego. Un primer paso es descartar las nociones de un "empleo" y una "ocupación". Incluso las actividades que ya tienen algún contenido lúdico lo pierden si se reducen a empleos que ciertas personas, y sólo esas personas, se ven forzadas a hacer excluyendo cualquier otra cosa. ¿No es raro que los campesinos trabajen dolorosamente en los campos mientras sus amos van a casa cada fin de semana y se ponen a cuidar de sus jardines? Bajo un sistema de festejo permanente, presenciaremos una Edad de Oro de la creatividad que hará pasar verguenza al Renacimiento. No habrá más empleos, sólo cosas que hacer y gente que las haga.

    El secreto de convertir el trabajo en juego, como demostró Charles Fourier, es acomodar las actividades útiles para tomar ventaja de lo que sea que diferentes personas disfrutan hacer en momentos diferentes. Para hacer posible que algunas personas hagan las cosas que disfrutan, bastará con erradicar las irracionalidades y distorsiones que afligen esas actividades cuando són convertidas en trabajo. Yo, por ejemplo, disfrutaría enseñando un poco (no demasiado), pero no quiero estudiantes que estén allí a la fuerza, y no me interesa adular a pedantes patéticos para obtener un profesorado.

    Segundo, hay cosas que a la gente le gusta hacer de vez en cuando, pero no por demasiado tiempo, y ciertamente no todo el tiempo. Puedes disfrutar haciendo de niñera por algunas horas para compartir la compañía de los niños, pero no por tanto tiempo como sus padres. Los padres, mientras tanto, aprecian profundamente el tiempo que les liberas para sí mismos, aunque les molestaría apartarse de su progenie por mucho tiempo. Estas diferencias entre los individuos són lo que hace posible una vida de juego libre. El mismo principio se aplica a muchas otras áreas de actividad, especialmente las primarias. Así, muchos disfrutan cocinar cuando lo pueden hacer con seriedad, a su modo, pero no cuando sólo están recargando cuerpos humanos con combustible para el trabajo.

    Tercero -- aún sin cambiar todo lo demás -- algunas cosas que no són satisfactorias si las haces sólo, o en un entorno desagradable, o bajo las órdenes de un supervisor, son agradables, al menos por un tiempo, si esas circunstancias cambian. Esto es cierto probablemente, hasta cierto punto, para todo trabajo. La gente utiliza su ingenio, de otro modo desperdiciado, para convertir las tareas repetitivas menos atrayentes en un juego, lo mejor que pueden. Las actividades que atraen a algunas personas no siempre atraen a todas, pero todo el mundo tiene, al menos en potencia, una variedad de intereses y un interés en la variedad. Como dice el dicho, "cualquier cosa, una vez". Fourier era el maestro en especular cómo a las inclinaciones aberrantes y perversas se les podría dar uso en la sociedad post-civilizada, que él llamaba Armonía. Pensaba que el Emperador Nerón pudo haber sido una buena persona si, de niño, hubiese podido complacer su gusto por la sangre trabajando en un matadero. Los niños pequeños a quienes les encanta revolcarse en la suciedad podrían ser organizados en "Pequeñas Hordas" para limpiar los sanitarios y recoger la basura, otorgando medallas a los que destaquen. No estoy sugiriendo que sigamos estos mismos ejemplos, sino que veamos el principio subyacente, el cual me parece que tiene sentido como una dimensión de una transformación revolucionaria general. Ten en mente que no se trata de tomar el trabajo de hoy tal como lo encontramos y asignarlo a la gente adecuada, ya que algunos de ellos tendrían que ser realmente perversos. Si la tecnología cumple un papel en todo esto, no es tanto para eliminar el trabajo automatizándolo, sino para abrir nuevos espacios para la re/creación. Hasta cierto punto podemos desear regresar a la fabricación a mano, que William Morris consideraba un resultado probable y deseable de una revolución comunista. El arte sería recuperado de las manos de esnobs y coleccionistas, abolido como departamento especializado sirviendo a una audiencia de élite, y sus cualidades de belleza y creación restauradas a la vida misma, de la cual fueron robadas por el trabajo. Da qué pensar el hecho de que las ánforas griegas a las que escribimos odas y guardamos en museos fuesen usadas en su tiempo para guardar aceite de olivo. Dudo que a nuestros artefactos cotidianos les vaya tan bien en el futuro, si es que hay uno. Lo que quiero decir es que no existe tal cosa como el progreso en el mundo del trabajo; más bien es lo opuesto. No deberíamos dudar en saquear el pasado por lo que tiene que ofrecer, los antiguos no pierden nada y nosotros nos enriquecemos.

    Reinventar la vida cotidiana significa marchar más allá del borde de nuestros mapas. Es cierto que existe más especulación sugerente de lo que la mayoría de la gente se imagina. Aparte de Fourier y Morris -- y hasta una pista, aquí y allá, en Marx -- están los escritos de Kropotkin, los sindicalistas Pataud y Pouget, anarco-comunistas de antes (Berkman) y de ahora (Bookchin). La Communitas de los hermanos Goodman es ejemplar porque ilustra qué formas siguen a qué funciones (propósitos), y hay algo que sacar de los heraldos, a menudo borrosos, de la tecnología alternativa/apropiada/intermedia/convivencial, como Schumacher y especialmente Illich, una vez que desconectas sus cortinas de humo. Los situacionistas -- tal como són representados por la Revolución de la Vida Cotidiana de Vaneigem y en la Antología de la Internacional Situacionista -- són tan despiadadamente lúcidos como para ser estimulantes, aún si nunca llegaron a encajar bien su apoyo a las asociaciones de trabajadores con la abolición del trabajo. Sin embargo, es mejor su incongruencia que cualquier versión actual del izquierdismo, cuyos devotos buscan ser los últimos campeones del trabajo, porque si no hay trabajo no hay trabajadores, y sin trabajadores, ¿A quién organizaría la izquierda?

    Así que los abolicionistas tendrían que actuar por su cuenta. Nadie puede decir qué resultaría de liberar el poder creativo aturdido por el trabajo. Cualquier cosa puede pasar. El gastado debate de libertad versus necesidad, que casi suena teológico, se resuelve sólo cuando la producción de valores de uso coexista con el consumo de deliciosa actividad lúdica.

    La vida se convertirá en un juego, o más bien muchos juegos, pero no -- como es ahora -- un juego de suma cero. Un encuentro sexual óptimo es el paradigma del juego productivo; los participantes se potencian los placeres el uno al otro, nadie cuenta los puntajes, y todos ganan. Cuanto más das, más recibes. En la vida lúdica, lo mejor del sexo se mezcla con la mejor parte de la vida diaria. El juego generalizado lleva a la libidinización de la vida. El sexo, en cambio, puede volverse menos urgente y desesperado, más juguetón. Si jugamos bien nuestras cartas, podemos sacar más de la vida de lo que metemos en ella; pero sólo si jugamos para ganar.

    Nadie debería trabajar. Proletarios del mundo... ¡descansad!  

    January 12

    Cagando

     

    Me levanto de la mesa y me dirijo al baño. Cuando la madre naturaleza nos llama, la masturbación es algo irrisorio, y conozco a pocos capaces de friccionarse mientras defecan. Así que me resigno y en vez de hacer experimentos escatológicos, leo un Mortadelo. Qué jodido Ibáñez, se las arregla para no hacerme reír y a la vez engancharme a su humor fácil, no sé porqué será.

    Una vez finalizado el proceso, salgo del baño y dejo la puerta cerrada, con la sana intención de apestar al siguiente que abra. (es tan gratificante entrar en un baño y oler una mierda que no es tuya)

     

    Y así, sin más preámbulos, me dirigo de nuevo a mi cuarto.

     

     

     

     

    July 27

    malacabeza

    E. MALATESTA

     

    “Abolir la autoridad, abolir el gobierno no significa destruir las fuerzas individuales y colectivas que actúan en la humanidad, ni las influencias que los hombres ejercen los unos sobre los otros. Sería reducir la humanidad a un montón de átomos desunidos los unos de los otros e inertes, cosa que es imposible y que, si fuera posible, sería la destrucción de toda sociedad, la muerte de la humanidad.

     

    Abolir la autoridad significa abolir el monopolio de la fuerza y de la influencia, abolir la autoridad significa abolir ese estado de cosas en la cual la fuerza social –o sea la fuerza de todos- es el instrumento del pensamiento, de la voluntad, de los intereses de un pequeño número de individuos que, por medio de la fuerza de todos, suprimen, para su ventaja y la de sus ideas, la libertad de los demás.

     

    Abolir la autoridad significa destruir un modo de organización social por el cual el futuro permanezca acaparado, de una revolución a otra, en beneficio de aquellos que han sido los vencedores del momento”.

     

                                                                                ERRICO  MALATESTA

     

                                                                                    “La anarquía”

     

     

     

     

     

     

     

    http://www.el-mundo.es/navegante/diario/2000/04/10/freenet.html

    NILO 3

    Abrió la puerta y entró. Rotundo, algo indiscutible y de una realidad aplastante, y a pesar de todo, ella ya no estaba. El aire seco transpiraba por cada uno de los poros de su piel, como un desierto diáfano y nómada.

    Azul y gris, como siempre. Toda su vida transcurría en azul y gris. No supo cuánto tiempo estuvo allí, parado en la nada. Porque todo era nada, todo transcurría  en un silencio ruidoso, y lo más terrorífico es que no podía escapar de esa realidad, tan cierta como que minutos antes abrió la puerta y entró.

    July 26

    NILO 2

    -Joder, que mierda de vida esta- exclamó el chaval de la acera.

     

    -¿de qué te quejas? No tienes motivos reales- replicó el que estaba a su lado.

     

    -Claro que sí.

     

    -tonterías, nada que no se pueda solucionar con una cerveza.

     

    -Tú lo solucionas todo con cervezas.- pese a su expresión divertida, aquella verdad hizo daño a su compañero.

     

    -¡Si eres un barriga agradecida!, un snob que se arrastra por las calles, buscando siempre un buen motivo para quejarse. Hazle un favor al mundo y preocúpate por las cosas que realmente importan.

     

    -¿Lo que realmente importa? ¿Qué es lo que realmente importa?- su voz era ahora grave, insolente.

     

    -El hambre en el mundo, por ejemplo.

     

    -Anda y que te den.

     

    El otro rió amargamente, compadeciéndose en parte de su amigo, el pseudo-bohemio rico. No tenía ganas de debatir con alguien tan vació en el fondo, así que se levantó y se fue por donde había venido.

    Estaba oscureciendo, y una a una, las farolas de la calle se fueron encendiendo como cerillas, o al menos eso le pareció a él. Le fastidiaba la absoluta banalidad de casi todas las conversaciones que había oído en su vida. Hormigas hablando con hormigas. Pequeños animales atareados en lo más irrisorio de la vida. Envidias, temores, odios, falsas amistades…Nunca nadie se preguntaba nada, o al menos, nada importante. Y, mierda, estaba harto.

    A veces no pensaba, simplemente se dejaba llevar por sus piernas. Ése día no fue el caso, y pensó tanto durante su vuelta a casa, que por poco le estalla la cabeza. “Qué mierda de vida esta” dijo su amigo. También él lo pensaba muchas veces, y por los mismos motivos: el final de una relación amorosa, suspender un examen, una bronca con alguien…  en el fondo todo venía a ser lo mismo, las mismas situaciones se repiten en todas las personas de manera similar, simultáneamente, Quizás por eso la vida es una mierda.

     

     

    July 20

    Les Mille Routes

     
    Hay va el Sr. Moustaki
     
    Georges Moustaki
    LES MILLE ROUTES


    Au carrefour du coeur du monde
    Mille routes se rejoignent
    Et ceux qui marchent sur les routes
    Ce sont mes amis de partout
    Ils ne marchent pas en rangs serrés
    Chacun rythme sont pas comme il veut
    L'un tiens par la taille son amie
    Un autre va tout seul
    Au carrefour des mille routes

    Ils arrivent du bout du monde
    En franchissant les montagnes
    Portant l'espérance et le doute
    Et l'envie d'aller jusqu'au bout
    Rien ne les attend derrière eux
    Ils suivent une étoile dans la nuit
    Ils se reconnaissent et se sourient
    Quand leurs chemins se croisent
    Au carrefour des mille routes

    Au carrefour du coeur du monde
    Mille rêves se rejoignent
    Lorsque parfois je les écoute
    J'apprends la sagesse des fous
    Surtout n'allez pas les réveiller
    Car ils sont plus fragile que le feu
    Lorsque dessous la braise endormie
    Une flamme brille et veille
    Au carrefour des mille routes

    Étoile aux mille scintillements
    Étoile aux mille scintillements
     
     
    July 17

    Todo lo que siempre quiso saber sobre el anarquismo y nunca se atrevió a preguntar.

    Buen panfleto sobre el anarquismo. Enseña lo más básico. Para el que le interese el tema

    Introducción

    El anarquismo es probablemente la corriente política sobre la que se han dicho mayor cantidad de estupideces. En realidad, no tiene nada que ver con creer en el caos, la muerte y la destrucción. Los anarquistas no van por ahí cargados de bombas ni les parece ninguna virtud ir avasallando viejecitas.

    No es accidental que la siniestra imagen del anarquista loco haya cobrado tanta aceptación. El Estado, la prensa y todo tipo de instituciones autoritarias utilizan todos los medios a su disposición para presentar la anarquía como un estado impensable de caos y asesinato. Poco podemos esperar de los "traficantes" de poder que, por otra parte, poco poder tendrían en sus manos si nos saliéramos con la nuestra. Necesitan creer en lo esencial de su autoridad y su obediencia para autojustificar sus crímenes. La TV, la prensa y la industria cinematográfica predican la obediencia, y si la anarquía es mencionada, aparece como destrucción descerebrada.

    La mencionada necesidad de autoridad está tan arraigada en la mente del ciudadano medio, que la anarquía, que simplemente significa "falta de gobierno", resulta impensable para la mayoría de la gente. La misma gente, por otra parte, admite que los reglamentos, regulaciones, impuestos, intromisiones y abusos de poder (por nombrar algunos) son como mínimo irritantes. Por lo general se piensa que no hay más remedio que aguantar en silencio porque la alternativa de "falta de poder, de autoridad y todo el mundo haciendo su propia voluntad" sería horrible. Sería la anarquía.

    Sin embargo existe una variedad ilimitada de sociedades posibles sin Estado, y no todas ellas serían desagradables. ¡Todo lo contrario! Cualquier tipo de sociedad anarquista nos ahorraría las terribles distorsiones que produce el estado. La "parte negativa" del anarquismo, es decir, la abolición del Estado, se verá equilibrada por lo que la sustituya? una sociedad libre y de libre cooperación.

    Hay varios tipos de anarquismo, y sus ideas difieren respecto a la organización de una nueva sociedad. Todos tienen en común que el estado deber ser sustituido por una sociedad sin clases y sin violencia (fuerza restrictiva, represión). Es precisamente debido a nuestra creencia en la libertad que nos negamos a establecer pautas muy cerradas. Sólo ofrecemos modelos posibles que se apoyan en la evidencia del día a día. De hecho la sociedad anarquista ya ha existido históricamente e hizo falta nada menos que un asesinato en masa para detenerla.

    Otro error típico de aquéllos que saben algo más sobre el tema, es pensar que el anarquismo es una bella utopía, una idea hermosa pero impracticable. De hecho, el movimiento anarquista tiene un largo recorrido histórico y no surgió de teóricos encerrados en sus torres de marfil sino directamente de la lucha por la supervivencia de masas de gente corriente y oprimida. La anarquía siempre ha sido intensamente práctica en sus pretensiones y en su forma de hacer las cosas. El movimiento ha estado muy cerca de abrazar el éxito en varias ocasiones. Si realmente es tan de todo punto inviable, ¿por qué se empeña el Estado en exterminar la anarquía?

    Anarquismo elemental

    Muy poca gente parece entender el anarquismo pese a que es una idea muy sencilla y clara. Básicamente quiere decir "dirigir nuestras vidas en lugar de que nos manipulen".

    No hay nada especialmente complicado en el anarquismo, excepto las terribles discusiones que conlleva, como por ejemplo, "imagínate el caos que habría si todo el mundo hiciera lo que quisiera". Sin embargo, ahora mismo vivimos en el caos. Millones de personas están en el paro, mientras otras están sobrecargadas de trabajo, de un trabajo por demás repetitivo y rutinario. Hay gente que se muere de hambre a la vez que se está arrojando comida al mar para mantener los precios. El aire se encuentra contaminado a causa del humo que desprenden coches muchas veces ocupados por una sola persona.

    La lista de locuras y situaciones caóticas en la sociedad actual es interminable.

    Incluso los "beneficios" del Estado son en realidad perjudiciales. La Seguridad Social, por ejemplo, se dedica a poner parches como un taller de reparación industrial, y en el fondo es algo parecido. Estos servicios nos hacen dependientes del Estado y lo peor de todo, nos compran por muy poco. Frenan nuestra propia iniciativa de crear una Seguridad Social autogestionada y enfocada hacia nuestras necesidades, no hacia las suyas.

    La autoridad, por su propia naturaleza, sólo puede interferir e imponer cosas. Seguro que la gente corriente puede imaginarse alguna forma de organización que impida al Estado la destrucción de sus hogares para construir bloques vacíos de oficinas. Es un principio básico del anarquismo que sólo aquellas personas que viven en una determinada zona tienen derecho a decidir sobre su organización, y sobre los asuntos que conciernen a esa zona.

    Todo el casos, a nuestro parecer, deriva de la autoridad y del Estado. Sin clases dirigentes y su necesidad de mantenernos esclavizados no habría Estado. Sin Estado nos encontraríamos en situación de organizarnos libremente según nuestros propios fines. No creemos que pudiéramos dar pie a una sociedad tan caótica como ésta en la que nos ha tocado vivir. La libre organización resultaría en una sociedad mucho más tranquila y equilibrada que la actual, cuyo mayor interés es el del robo sistemático y el exterminio de la mayoría de sus miembros.

    Típicos argumentos contra el anarquismo

    A menudo nos preguntan cómo una sociedad anarquista trataría a los asesinos. ¿Quién los pararía sin policía?

    La mayor parte de los asesinatos son crímenes pasionales y por tanto ni la policía ni nadie los puede prevenir. Esperamos, sin embargo, que en una sociedad más cuerda y menos frustrante no habrá tanta criminalidad.

    Nuestros gobernantes dicen protegernos a los unos de los otros. En realidad sólo quieren protegerse a sí mismos y a su propiedad.

    Si nosotros, como miembros de una comunidad local, fuéramos dueños de todos los recursos y los colectivizáramos, sería absurdo robar. Un importante motivo delictivo desaparecería.

    Estas comunidades necesitarían organizar algún medio con que tratar a aquellos individuos que perjudicaran a los demás. En lugar de varios miles de policías profesionales, todos nos protegeríamos mutuamente.

    Las cárceles son un fracaso a la hora de mejorar o reformar a los presos. Los vecinos de una comunidad, conociendo mejor las circunstancias personales de cada cual, aportarían soluciones mejores y más adecuadas tanto para la víctima como para el acusado. Por otra parte, el actual sistema penal es el responsable de la creación de un comportamiento delictivo. Los presos que cumplen una condena larga a menudo se convierten en seres incapaces de sobrevivir fuera de una institución que tome todas las decisiones por ellos. ¿Cómo puede llegarse a la conclusión de que encerrar a unas personas con otras de carácter antisocial (los peores don los carceleros) va a desarrollar en el individuo un modelo de comportamiento responsable y razonable? Naturalmente, lo que ocurre es todo lo contrario? la mayoría de los presos reinciden.

    Otra de las preguntas con las que se ha tenido enfrentar el anarquismo durante años es? "Pero quién haría todo el trabajo sucio? Imaginamos que toda comunidad diseñaría un sistema rotativo. ¿Qué tiene de imposible?

    Otra pregunta: ¿y qué pasaría con aquél que se negara a trabajar? Se puede aplicar presión social, por ejemplo, condenar al individuo en cuestión al ostracismo. En casos drásticos la comunidad podría verse obligada a expulsar a alguien.

    Sin embargo, la gente necesita trabajar. La gente tiene una verdadera necesidad creativa. Fijaos en la cantidad de gente que pasa horas arreglando su coche, o su moto, o cuidando su jardín, haciendo prendas de vestir, creando música. Todas están actividades creativas pueden ser muy entretenidas. A menudos se las considera aficiones más que trabajo, pero es que se nos ha enseñado a considerar el trabajo un tormento que no hay más remedio que aguantar.

    En esta sociedad el trabajo es efectivamente un tormento, y naturalmente lo odiamos. Eso no quiere decir que seamos vagos por naturaleza sino que no nos gusta que nos traten como si fuéramos máquinas, obligados a hacer un trabajo en su mayor parte desprovisto de significado, para beneficio de otro. El trabajo no tiene porqué ser así, y si estuviera controlado por la gente que lo desempeña, desde luego no lo sería.

    Por supuesto hay trabajos que es necesario hacer, y hay pocas formas de hacer que la recolección de basura sea una ocupación divertida. Todo el mundo debería ocuparse de ello cuando te tocara el turno y sería labor de todos controlar que nadie se escaqueara.

    Otro punto importante es señalar que el desempleo es sólo un problema creado por el capitalismo. En un mundo más razonable no habría paro. Todo el mundo tendría menos horas de trabajo porque sólo se producirían los artículos necesarios. Si nos deshiciéramos de la parásita clase dirigente, nos liberaríamos de gran parte de la presión económica que nos obliga a trabajar.

    Si todavía no estás convencido de que una sociedad anarquista podría resolver el problema de la gente que se escaquea de sus responsabilidades, imagínate a ti mismo obligado a enfrentarte a una asamblea de tu comunidad, donde se discutiera que tú representas un problema. ¿Qué te parece?

    Otra objeción típica es? "Bueno, eso a lo mejor funcionaba a pequeña escala, en un pueblo campesino, pero ¿cómo puedes dirigir una sociedad altamente industrializada sin necesidad de dirigentes?" En primer lugar creemos que la sociedad necesita ser dividida en núcleos menores siempre que sea posible, para que puedan ser dirigidos por grupos pequeños de gente corriente. Es un rasgo notable en cuanto a teoría de la organización, así como un principio básico del anarquismo, que los grupos pequeños trabajan juntos de forma eficaz y son capaces de coordinarse con otros grupos parecidos, mientras que los grupos informes y a gran escala son fácilmente manipulables. Dentro de este mismo punto es interesante señalar que recientemente, las famosas "economías de escala" que justifican por ejemplo las fundiciones que cubren kilómetros cuadrados, están siendo altamente cuestionadas. Llega un cierto punto en que las fábricas, granjas, los sistemas administrativos y demás, pierden eficacia a medida que se hacen más grandes.

    Se debe producir y consumir a escala local mientras sea posible. Sin embargo, algunos servicios tendrían que tratarse a nivel regional o incluso a mayor escala. Esto no es un problema irresoluble, de hecho la clase trabajadora del Estado Español encontró soluciones en los años 30. La Compañía de Autobuses de Barcelona dobló sus servicios, hizo generosas contribuciones al colectivo de "Entretenimiento" Ciudadano (actividades lúdicas) y produjo armas para el frente en los talleres de autobuses. Todo esto se consiguió con un número de trabajadores bastante reducido, ya que muchos se habían ido al frente para combatir el fascismo. Este increíble aumento de la eficacia, a pesar de la guerra y de la escasez de materiales, no es tan sorprendente después de todo, porque ¿quién puede dirigir una compañía de autobuses de la forma más idónea? Obviamente sus trabajadores.

    Todos los trabajadores de Barcelona estaban organizados por sindicatos -grupos de trabajadores del mismo gremio, subdivididos en grupos de trabajo. Cada grupo tomaba sus propias decisiones en lo referente al trabajo día a día y nombraba a un delegado que representaba sus puntos de vista en temas más generales concernientes a toda la fábrica o incluso a toda la región.

    Los delegados eran portavoces de las decisiones tomadas en asamblea por todos los compañeros y el cargo de delegado se rotaba con frecuencia.

    Los delegados podían ser revocados inmediatamente en caso de que no cumplieran con el cometido de ser meros portavoces de la asamblea (principio de revocabilidad). Esta es una buena muestra de los principios anarquistas de la libre federación llevada a la práctica.

    Añadiendo más niveles de delegación es posible alcanzar una actividad a gran escala sin abandonar la libertad de trabajar en la línea que cada individuo elija. Esta idea de "federalismo" volverá a ser ilustrada en una sección posterior llamada "Acción y organización local".

    Sigamos con más objeciones. ¿Una sociedad sin Estado no estaría indefensa ante ataques exteriores?

    El hecho de vivir en una sociedad estatal no nos ha salvado del imperialismo. De hecho, nuestro ejército y fuerza armadas son utilizadas en nuestra contra como un ejército de ocupación. El Estado no nos defiende. Nos utiliza como carne de cañón para defender a nuestros dirigentes que, puestos a revelar la verdad, son nuestros verdaderos enemigos.

    Volviendo a la pregunta, una respuesta anarquista clásica es la de armar al pueblo. Las milicias anarquistas españolas estuvieron cerca de ganar la guerra civil a pesar de la escasez de armamento, de la traición estalinista y de la intervención Alemania e Italia. El error fue dejarse integrar en el ejército regular de la República. Una población armada sería difícil de subyugar.

    Pero sí, es cierto, nos podrían destruir. Creemos que nosotros constituimos la verdadera "amenaza nuclear". Los dirigentes norteamericanos probablemente nos exterminarían antes que permitirnos vivir en libertad.

    Contra la amenaza de destrucción nuestra mejor defensa es el movimiento revolucionario en otros países. Dicho de otra manera, nuestra mejor defensa contra la bomba atómica rusa es el movimiento de los trabajadores polacos.

    (NOTA de la tradutora: este análisis fue escrito antes de la caída de la URSS, por lo que ha quedado trasnochado)

    En el caso del Estado, su mayor esperanza de no ser exterminados se basa en que nosotros destruyamos nuestra propia "bomba" (La CND todavía no se ha dado cuenta de que prohibir las armas "megadeath" significa abolir el Estado).

    Hay que tener en cuenta que la Revolución Rusa se salvó de una intervención británica masiva gracias a una serie de motines y boicots de los obreros británicos.

    Podríamos garantizarnos un verdadero sistema de seguridad si nuestros contactos internacionales evolucionaran hasta tal punto que los trabajadores de cada "país enemigo" fueran capaces de impedir que sus dirigentes nos atacaran.

    Las páginas anteriores han sido una breve introducción al pensamiento anarquista. Hay muchas más ideas y detalles en libros que tratan el tema, pero básicamente se entiende el anarquismo viviéndolo, y trabajando en proyectos comunes con otros anarquistas. Este es el tema que trata la mayor parte de este libro: acción anarquista.

    EL ANARQUISMO EN ACCIÓN

    Si has leído este panfleto hasta aquí te habrás hecho ya una idea razonable de lo que es una sociedad anarquista. El problema es cómo llegar a ella.

    Dentro del anarquismo hay muchas ideas diferentes pero todas ellas están relacionadas. Hay sistemas completos de teoría política anarquista denominados federalismo, mutualismo, individualismo, sindicalismo, comunismo libertario, feminismo anarquista, situacionismo, etc.

    Los debates entre las distintas ramas del anarquismo se han sucedido durante mucho tiempo y son demasiado complejos para exponerlos en un panfleto introductorio.

    Sin embargo, si pensamos en términos de lo que el anarquismo dice que hay de hacerse ahora, resulta que hay muchos puntos en común entre todas las ramas. Cada corriente enfatiza la importancia de la acción en un área determinada de la vida.

    Si empiezas a poner práctica las ideas expuestas en las siguientes páginas, empezarás a crear tu propia versión de anarquismo. Al hacerlo estará añadiendo un nuevo miembro a u movimiento que siempre necesita nuevos miembros, especialmente gente que se cuestiona ideas y reflexiona sobre ellas. ¡Discute tus ideas con tus amigos, lee más sobre el anarquismo, habla con otros anarquistas!

    Piensa de forma independiente. Es la única manera.

    Organizarse en el trabajo

    Tradicionalmente, los anarquistas siempre han pensado que el problema fundamental es que el mundo está dividido en "esclavos asalariados" y jefes. Si pudiéramos librarnos de los jefes y dirigir nuestras industrias nosotros mismos, en beneficio de nuestras necesidades y no de las suyas, mejoraríamos y transformaríamos claramente cada área de nuestra vida.

    Sin embargo, hay anarquistas que piensan que la clase obrera está tan acostumbrada a estar esclavizada que habrá que buscar algún camino alternativo a la revolución.

    En cualquier caso, una anarquista siempre intentará que sus compañeros cuando menos, se organicen en el trabajo. Intentamos difundir la idea de que si nos unimos evitaremos que nos mangoneen. Lo mejor es hablar con los compañeros de trabajo, que nos acepten y confíen en nosotros en lugar de presionar a la gente con sermones. La mejor forma de aprender la solidaridad es a través de la acción.

    Los anarquistas deben ir a la huelga si ésta tiene lugar. Por lo general, tarea más importante en estos casos suele ser tratar de menguar el poder del sindicato mayoritario y propagar la acción directa en lugar de delegar todo el poder en el sindicato oficial. el fin del anarquismo es controlar nuestras propias vidas, no entregarlas al "representante oficial" para que nos traicione. La acción directa, sin intermediarios, es la forma más eficaz de ganar batallas laborales. La unidad es la fuerza.

    Para el anarquista, las huelgas encaminadas a conseguir pequeñas reformas, las peleas entre distintos grupos de trabajadores, etc., no son especialmente revolucionarias. Para nosotros, el fin principal de estas acciones es que a raíz de ellas la gente empiece a aprender a organizarse y gane confianza en la fuerza colectiva. Esta experiencia podría ser útil a la hora de capacitar a los trabajadores para desafiar con eficacia la estructura del poder industrial y edificar un control de la producción por parte de los obreros.

    Tenemos una larga historia de la que sacar provecho y muchas técnicas útiles que han funcionado en otros sitios. Ideas como ir disminuyendo progresivamente el ritmo de trabajo hasta que se equipare con lo equivalente a nuestro salario. O "huelgas del buen trabajo", es decir, hacer un buen trabajo sin reparar en el tiempo que cueste hacerlo (aunque baje el ritmo de producción). Estas acciones sólo tienen sentido si se realizan en grupo y con unidad. Son ejemplos de acción directa. No les preguntamos a los jefes lo que hay que hacer, se lo decimos nosotros. El método indirecto (el llamado democrático), por el contrario, significa esperar cuatro años y señalar con una cruz el nombre de un "candidato de izquierda", para que luego resulte que pertenece a la misma logia masónica que le candidato de la oposición.

    Esperamos que la auto-organización obrera vuelva (como en otros momentos de la historia reciente) a alcanzar el punto de unidad en la acción que le permita enfrentarse definitivamente al Estado. Si en la próxima ocasión se dispone de la experiencia, organización, preparación y conciencia adecuadas será posible destruir e Estado y a sus dirigentes, y avanzar hacia una sociedad anarquista y un mundo anarquista.

    Hay varios análisis anarquistas que exponen cómo podría llegarse a esta situación. Hay quienes apoyan la idea de construir sindicatos dirigidos por las bases y no por la cúspide dirigente, como es lo habitual. Este tipo de sindicalismo es una clara estrategia revolucionaria que ha probado su eficacia en el pasado. El sindicato incluye a todos los trabajadores de cualquier lugar con el fin de desarrollar la auto-organización hasta el punto en que los obreros puedan tomar las fábricas. Allá donde sea necesario, las huelgas pueden recibir el apoyo de obreros de otros gremios o lugares que se solidaricen con ellos.

    Finalmente, se habrán unido suficientes obreros para poner en marcha una huelga general. El Estado quedará paralizado y uno podrá hacer nada a menos que confíe en el ejército, que no se levantará contra sus familiares. La huelga general será un levantamiento general, o desembocará en uno. A partir de aquí se puede comenzar la construcción de una Utopía real.

    Algunos anarquistas rechazan aspectos de este plan. Desconfían del alcance de los sindicatos, aunque sean sindicatos descentralizados. Les preocupa la posible aparición de líderes profesionales. También existe el peligro de perderse en la maraña de los pequeños logros cotidianos.

    En cualquier caso, esta diferencia no nos impide trabajar juntos. Las condiciones para crear sindicatos anarquistas a nivel mundial, especialmente en algunos países donde el sindicalismo se ha neutralizado completamente, no son muy alentadoras.

    En estas circunstancias, lo mejor es promover lazos entre los trabajadores que se enfrentan a los sindicatos mayoritarios que monopolizan la información para mantener el poder. Debe promoverse toda acción que ponga el control en manos de los trabajadores, como por ejemplo los piquetes.

    Sería de utilidad que los anarquistas que trabajen en la misma fábrica se pusieran en contacto. Si no existen contactos, una conferencia sería un buen punto de partida.

    Cuestiones a nivel nacional

    Campañas a gran escala.

    Los anarquistas no suelen tener mucha influencia en campañas a gran escala, en parte porque suelen están copados por cristianos, liberales, diversos grupos de izquierda, etc. y a menudo las convierten en algo tan descafeinado que ningún anarquista que se precie se acercaría a semejante cuento.

    De hecho, vemos el sistema de liderazgo de estos grupos como una parte importante del sistema, cuya función es la de controlar el movimiento de protesta y canalizarlo hacia niveles inocuos.

    Un ejemplo práctico de este confusionismo fue el creado por la organización "Amigos de la Tierra" al cuestionar la investigación pública que se estaba llevando a cabo acerca de la planta de reciclaje nuclear de Windscale. El resultado fue que un montón de energía y dinero se malgastó en la discusión entre dos expertos rivales. El gobierno creó la ilusión de que debía ser justo y razonable, y de que tenía derecho a emitir su propio juicio. El veredicto, por supuesto, ya se sabía de antemano, y se dio luz verde al proyecto. El "efecto real" era el de confundir la protesta contra el programa de energía nuclear y hacerla difusa.

    Por otra parte, muchos anarquistas creen que es positivo involucrarse en campañas como CND (Campaña por el Desarme Nuclear), la Liga AntiFascista, el Frente de Liberación Animal, etc. El argumento es que, gracias a esto, algunas personas podrían llegar a conocer el anarquismo. Una presencia anarquista podría favorecer este proceso. Además, las campañas que aportan temas esenciales a la atención pública generan oportunidades de mostrar que los males particulares están relacionados con represión general y la necesidad de una revolución. En algunos casos es recomendable que haya una presencia anarquista en estas organizaciones para evitar la manipulación por parte de ciertos grupos políticos bastante nocivos. A veces es incluso posible introducir formas de funcionamiento anarquistas.

    Por ejemplo, un anarquista involucrado en un grupo anti-nuclear intentará señalar la relación entre el armamento nuclear, la energía nuclear, el militarismo, el Estado y la sociedad de clases. Señalaríamos la futilidad de ir rogando contínuamente al Estado y recomendaríamos a los obreros que construyen armamento que hagan algo más útil en lugar de eso. Haríamos todo lo posible para que los partidos parlamentarios de izquierda no se dedicaran a domesticar todos los movimientos de protesta populares.

    También hemos de intentar difundir más métodos organizativos descentralizados y basados en grupos pequeños federados entre sí. Esto tendría la ventaja de conseguir una mayor flexibilidad y de dar a cada miembro mayor oportunidad de autodesarrollo, así como de impedir que se generara un elite dirigente.

    Pocos anarquistas afirmarían que movimientos como los antinucleares, etc. sean revolucionarios; probablemente ni siquiera consigan el desarme nuclear. Sin embargo, podemos esperar que gracias a ellos se vaya despertando la conciencia pública y muchos se den cuenta de cómo funciona esta sociedad realmente.

    Relaciones interpersonales

    Como hemos dicho anteriormente, el anarquismo conlleva una preocupación por los derechos de individuo. No tiene sentido estar teorizando ni programando actividades si finalmente no va a servir para mejorar la vida de individuos como tú y yo.

    A diferencia de los marxistas y otros pseudo-socialistas, creemos que al menso debemos intentar poner en práctica nuestros principios en el día a día. Si crees en la igualdad, trata a los demás como iguales siempre que puedas. Puede que a un marxista le resulte más fácil que a un anarquista olvidar el maltrato al que Marx sometía a sus criados y a su mujer.

    La forma en que nos tratamos unos a otros refleja la totalidad de la sociedad. En una sociedad desequilibrada la gente se trata mal.

    Por desgracia, los hippies estaban equivocados. No es cierto que "todo esté en tu cabeza". Soluciones individuales como el ácido lisérgico y la vida campestre resultan no ser soluciones en absoluto, sino simplemente escapismo. Antes de la revolución no es posible decidir irse a vivir como si fueras libre; esta sociedad no te lo permitirá.

    Antes de la revolución es responsabilidad de cada cual creer, como si fuéramos seres humanos razonables, en u mundo razonable. Es difícil, pero no imposible, con la ayuda de tus amigos, evolucionar a un estado más avanzado que el simple estado de dependencia en que esta sociedad intenta mantenernos.

    La familia autoritaria

    Un mito común, tanto en el fascismo como en el antihumanismo cotidiano, es la "santidad" de la familia y la "santa" institución de la maternidad.

    Muchas mujeres hoy en día luchan contra el papel que les han impuesto de ser madres y nada más, y contra la dominación diaria de mujeres y niños por parte de los hombres, que es en lo que consiste la familia.

    La realidad de la vida familiar difiere bastante de la idea sentimental. Malos tratos a mujeres, violaciones y abusos infantiles no son sucesos accidentales ni aislados; son el resultado de un condicionamiento dentro de la familia y por parte de los medios de comunicación.

    Hasta que no tengamos libertad e igualdad en nuestras vidas diarias, no tendremos libertad ni igualdad en absoluto.

    No tienes más que mirar los patrones de "señor y esclavo" de cualquier revista pornográfica para comprobar que la represión sexual lleva a la dominación y a la sumisión. Si el poder es más importante que la realización en tu vida sexual, también lo será en los demás aspectos de tu vida.

    Apoya el amor libre. Si no es libre, no es amor.

    La derecha habla mucho sobre el tema sexual y lo que ellos llaman "moralidad" y "pureza" sexual. Incluso la "pureza racial" es una idea en gran medida relacionada con el sexo. Está basada en el temor a la sexualidad de las "razas inferiores", temida por que amenaza su propio poder y control sexual.

    Los racistas preguntan: "¿Dejarías que tu hija se casara con uno de ellos?" ¿Quién eres tú para decidir lo que "tu" hija deber hace con su vida sexual?

    Generalmente , los anarquistas nos están de acuerdo con el matrimonio convencional. No aceptan que las relaciones sexuales se conviertan en un negocio del estado o de la Iglesia. La verdadera seguridad emocional tanto para los hijos como para los adultos no se encuentra tanto en una unión artificialmente mantenida y legalmente vigente, como en una red más extensa de relaciones que pueden tener un componente sexual o no.

    Muchos anarquistas consideran que vivir en una comuna es una forma de cambiar la sociedad, pero vivir en la misma casa que otros nueve individuos no es la clave del futuro ideal. Lo importante es cambiar nuestras actitudes: abrirse más, ser más generosos y menos competitivos y temerosos de los demás.

    La mayoría de los anarquistas se limita a ser un poco más sociable que la mayor parte de la gente. Hacemos lo que podemos conscientes de que la perfección es imposible en una sociedad represiva. No hay santos anarquistas.

    (NOTA de la traductora: Sí, San Buenaventura)

    Cambiando el día a día

    A menos que podamos ayudar a la gente, incluídos nosotros mismos, a perder el miedo, la ansiedad y la inseguridad, no tiene mucho sentido esperar que nos comportemos con sensatez y empecemos a construir una sociedad libre y creativa. Las ideas autoritarias y el odio irracional a chivos expiatorios como los negros o los homosexuales son parte de la locura colectiva.

    Afortunadamente, hay personal que ya está trabajando en aras de conseguir una mayor salud mental, y los anarquistas deberían hacer todo lo posible por apoyar estos movimientos.

    De éstos, el ejemplo más claro es el movimiento de psicoterapia radical. A grandes rasgos, los grupos de este movimiento intentan rechazar la vieja idea del psiquiatra experto que resuelve los problemas de sus pacientes, en favor de un método en que la gente se autoayude. Por desgracia, son las clases medias neuróticas las que se han beneficiado de esto. Las tarifas de estos grupos de encuentro son demasiado altas para gente como nosotros, y grupos de encuentro centrados en los problemas organizativos de la industria no son la mejor vía para edificar una sociedad nueva.

    Existen grupos de terapia de auto-ayuda, sin embargo, que prometen, y podrían servir. Los de mayor éxito parecen ser aquellos con un tipo específico de miembros, tales como depresivos, grupos de mujeres, etc. La gente no tiene porqué ajustarse a situaciones imposibles y deben aprender a autoafirmarse y a expresarse por sí mismos.

    Gran parte del caos psicológico que sufren los seres humanos tiene mucho que ver con las relaciones injustas entre ambos sexos; los anarquistas esperan mucho del movimiento de liberación de la mujer. Y no es que todas las feministas sean revolucionarias. La Organización Nacional de las Mujeres, por ejemplo, estaba emocionada ante la perspectiva de que las mujeres tuvieran por fin acceso a los espacios de control de misiles nucleares. Sin embargo, hay una gran corriente anarquista dentro del movimiento feminista, que enfatiza la asamblea, la auto-ayuda y la importancia de que las mujeres acepten y comprendan sus sentimientos hacia los demás. Desafiar la dominación masculina debería conducirnos a desafiar todo tipo de dominación.

    El movimiento de liberación de la mujer también ilustra otra evolución prometedora: la tendencia a organizarse en grupos pequeños y colectivos. Si trabajan bien pueden ser de gran ayuda y crear autoestima e los individuos que lo forman. Otros movimientos, como el movimiento gay, asociaciones de demandantes, squatters, grupos de auto-ayuda sanitaria, etc. son positivos por la misma razón. Esta forma de organizarse tiende al desarrollo de la salud mental.

    Todo lo que anime a la gente a adquirir responsabilidades y a examinar sus relaciones con el resto del mundo debe apoyarse. Finalmente, esperamos que las actitudes cambiarán lo suficiente para permitir a la gente que vuelva a tomar las riendas de su propia vida.

    Acción y organización local

    La acción directa puede utilizarse para cambiar las condiciones de casas, calles, colegios, hospitales y otras instalaciones. Las reformas, en sí mismas, no representan una gran contribución ala construcción de la sociedad anarquista, pero es importante que la gente se conciencie de la importancia del potencial de la acción directa. Estas acciones pueden llegar a promover sentimientos de espíritu colectivo y de auto-organización. Despiertan la conciencia política. Si salen mal, pueden llevar a la desesperación y a una desilusión total respecto a la raza humana. Estos sentimientos pueden conducirte al suicidio político. Hay ejemplares de estos desencantados en los mítines de los partidos mayoritarios.

    ¿De qué tipo de acciones estamos hablando? Si te hace falta un vivienda, ocupa una. Así desafías a las autoridades y a la propiedad privada. La ocupación demuestra con eficacia el sinsentido de que existan casas vacías a la vez que hay gente sin hogar. Por desgracia, el prejuicio popular impide que la ocupación obtenga el apoyo generalizado necesario para un cambio real.

    La vida comunitaria de la calle puede mejorarse mediante festivales, teatros callejeros, etc. Por supuesto, a menos que seas el tipo de anarquista que tiene contactos por las alturas, este tipo de acción puede tener sus inconvenientes.

    Los anarquistas han participado y a menudo han soñado también todo tipo de esquemas de auto-ayuda, incluyendo un mejor aprovechamiento de la tierra, esquemas rotativos de trabajo, esquemas de colectivización de los productos... Estos esquemas son una muestra de independencia y de la viabilidad de formas alternativas de intercambio económico. Desconfiad de los liberados que intentan profesionalizar la idea y destruir sus beneficios reales haciéndola parte del sistema.

    Otra área principal de la actividad anarquista es la de involucrarse en campañas locales. Estas pueden resultar útiles a la hora de desarrollar la conciencia publica y su capacidad organizativa, y pueden tener la virtud de invitar a la gente a pensar sobre cuestiones políticas. Una campaña contra el cierre de un hospital local, por ejemplo, hace surgir cuestiones como quién controla los hospitales y para quien es el beneficio. Por desgracia, la gente a menudo se deja confundir por sus ilusiones de "democracia" y política parlamentaria, y acaban desvinculándose de la campaña o engañados por las promesas. Esto puede llevar a la desilusión y a la apatía. el papel del anarquista es intentar asegurarse de que el resultado de una acción es el rechazo a las autoridades y la promoción de la acción directa.

    Es difícil encontrar el equilibrio entre involucrarse para conseguir reformas inmediatas ( así promover una creencia falsa en el Estado como fuerza benevolente) y examinar las implicaciones a largo plazo de tus acciones. Si dejas que tus sentimientos de desmanden acabarás creyendo en el reformismo, desesperado por arrancar la corrupción de la sociedad. Esto es comprensible, pero es contraproducente a la hora de arrancarla de raíz.

    Hacer mejoras en el sistema significa reforzarlo, y a la larga, aumentar la miseria humana.

    Cuando las condiciones locales se vuelven insostenibles, se generan tumultos. Los tumultos esporádicos, nacidos de la frustración y no de la organización, no son particularmente revolucionarios. Si hubieran estado organizados, habría sido una insurrección, que es otra cosa. Entonces, ¿cómo se organizan los anarquistas?

    Los individuos se unen a grupos anarquistas para coordinar sus acciones con otros, no para que les digan lo que tienen que hacer. El grupo al completo discute una acción particular, pero sólo aquellos que estén a favor la llevarán a cabo. Esto contrasta por completo con los grupos trostkistas en los que el individuo tiene que aceptar la línea de su partido.

    La discusión en un tema importante, o en una acción común, simplemente significa la aparición probable de un nuevo colectivo. En cada país existen federaciones de colectivos libertarios, que de esta forma permanecen coordinados (por supuesto, de forma no-autoritaria).

    Este modelo de organización ya se ha generalizado en otras corrientes de la actividad política, como por ejemplo, en grupos de mujeres y en algunas asociaciones de vecinos. Si el anarquismo crece, esperamos que aumente esta forma de organización.

    Grupos de personas en una calle o en un lugar de trabajo pueden organizarse así para tomar decisiones que les incumben. Pueden mandar delegados a encuentros a mayor escala, pero siempre instruyéndoles en lo que tienen que decir, haciendo el cargo rotatorio y revocándolos si alguno intentaba autoinstituirse en líder. ¿Una idea utópica? Ya funciona en muchos grupos, a pequeña escala. ¿Qué es lo que parece tan difícil? Todo lo que necesitamos es una revolución total en la conciencia cotidiana. De esta forma, un sistema anti-autoritario de organizar todos los aspectos de nuestra vida desde la cuna a la tumba podría surgir. Sería un tipo federalista de sociedad anarquista.

    El anarquismo encuentra vital educar a la gente para una nueva sociedad. Algunos incluso dirían que es todo lo que razonablemente podemos hacer. Intentar hacerla revolución con una minoría muy pequeña no tiene sentido, e incluso con las mejores intenciones sólo podría conducir a una nueva esclavitud. Una verdadera revolución sólo puede hacerse si una gran mayoría la quiere y participa activamente en la creación de un mundo nuevo. Por supuesto, tendríamos muchas más oportunidades si la ente se hubiera organizado previamente, y hubiera reflexionado sobre los consiguientes problemas y cuestiones. Lo cual significa que una de nuestras prioridades es la difusión de nuestras ideas.

    Sin embargo, es mejor evitar presionar a la gente con sermones. No queremos meros seguidores. Otro peligro incluso peor es que hagamos de nuestras vidas un dogma. Finalmente, no queremos predicar, sino hablar con la gente.

    Este último punto es importante. Probablemente, el síntoma más claro de la degeneración de la sociedad moderna es que la comunicación cada vez se hace más impersonal, más estandarizada y más subjetiva. La comunicación se ha convertido en un artículo adquirible, "sonidos" que se compran en cintas de plástico. Todos los medios de comunicación modernos tienen 2 cosas en común: tienes que pagar por ellos y no hay forma de participar en ellos, o miras, o escuchas, no se te pide nada más.

    Nuestra creencia en la libertad nos lleva a exigir libertad de expresión y libertad de prensa. Esto podrá sonar raro, como si se tratara de una manifestación de los liberales del s. XIX. Ahora los liberales parecen bastante satisfechos de haber conseguido estas preciadas libertades.

    Lo que quieren decir es que ellos tienen esas libertades, los comunes mortales, y menos los "extremistas peligrosos" como nosotros, no las tenemos. Podemos decir (casi) todo lo que queramos, pero no en horas de máxima audiencia; podemos escribir lo que queramos, pero ¿se publicará en la prensa oficial? A menos que tengamos una verdadera oportunidad de que nos escuchen, la libertad de expresión poco significa, y no les preocupa concedérnosla.

    Hay quien dice que el golpe de estado de Tejero fracasó porque los guardias civiles tenían un concepto trasnochado del poder político y, por consiguiente, tomaron el parlamento. Para la próxima vez ya lo saben: lo que hay que tomar son las emisoras de radio.

    Los periodistas, los impresores, los escritores, técnicos y actores quizá deban jugar un papel muy importante en la lucha por una nueva sociedad. Está en sus manos decir la verdad. Deberían estar tan avergonzados de la bazofia que, obedientemente, siguen produciendo, que a estas alturas ya tendrían que haber dimitido. Es urgente que la industria de la comunicación se ponga al servicio de la agitación política, y que los trabajadores controlen los contenidos de la emisión.

    Debido a que los medios de comunicación están tan controlados por una oligarquía que sabe muy bien de la importancia de su poder, hay pocas probabilidades d que podamos difundir nuestras ideas a través de los medios establecidos. Necesitamos encontrar alguna otra forma de difundir nuestras ideas hasta que llegue el momento de que podamos apoderarnos de los medios de comunicación.

    Nos han empujado a los límites de lo social. Nos vemos obligados a crear nuestros propios medios para expresarnos. Naturalmente, todo ello a pequeña escala, por eso alcanzamos a un grupo reducido de gente con cada panfleto, revista, etc. Esperamos que cada pequeña acción se vaya sumando. Después de todo, mil panfletos no son un desperdicio si logran convencer a un sólo nuevo anarquista.

    Difundir la idea es importante, se ha intentado en muchas ocasiones y de muchas formas distintas. He aquí varios métodos utilizados por los anarquistas para comunicar sus ideas:

    La palabra impresa

    El movimiento anarquista ha producido una gran cantidad de artículos, revistas, periódicos, libros y panfletos a lo largo de su historia, algunos con una tirada excepcional. Muchos fueron leídos sólo por unos pocos y han caído en el olvido para siempre.

    El esfuerzo ha sido una pérdida de tiempo. Cada vez necesitamos material anarquista en mayor cantidad y mejor escrito. Aquellos que están receptivos deben poder tener posibilidades de información a su alcance.

    Las octavillas, a menudo pasadas rápidamente a multicopista para una acción concreta, son la posibilidad más barata y la más sencilla. El estilo debe ser sencillo y directo. Ilustraciones, incluídas las fotografías pueden hacerse a cliché con un coste ligeramente superior.

    Los panfletos baratos sobre temas concretos siempre pueden tenerse a mano cuando surja una conversación sobre el tema. Este, por ejemplo, esta diseñado para todos aquellos que insisten en las típicas preguntas sobre la viabilidad de la sociedad anarquista como "¿y qué pasaría con los asesinos?"

    Las revistas y periódicos pueden ser de dos tipos: aquellos dirigidos o de interés sólo para los anarquistas, y aquellos que apuntan a una multitud no comprometida. Parece que ha muchas publicaciones para anarquistas convencidos, pero muy pocas con el fin de agitar a las conciencias dormidas. Hay unas cuantas publicaciones anarquistas de gran calidad: además, muchos anarquistas trabajan en publicaciones locales sobre temas que conciernen a la comunidad.

    La publicación de libros y su distribución son también una parte importante del movimiento. Puedes encargar libros anarquistas en tu biblioteca local. También quedan muchos libros por escribir. Necesitamos más trabajos sobre teoría anarquista, más análisis de la sociedad actual y de las estrategias adecuadas, para variar. La ficción o la poesía también entran en la esfera de acción. Escribir un libro no es algo tan imposible como parece al principio. Muchos escritores son perfectos idiotas, de hecho.

    Teatro callejero.

    Este medio de comunicación no ha sido lo suficientemente explotado por los anarquistas. Escribir y ensayar obras puede llevar ala formación de un colectivo. El procedimiento legal es solicitar un "permiso de planificación" (Aseguraos de poneros un nombre inofensivo). Por otra parte, el "Ejército de Santa Claus" que invadía los departamentos de juguetes en los grandes almacenes de Amsterdam y repartía juguetes a los niños también estaban haciendo teatro callejero, aunque de una forma menos legal. Algún tipo de actuación semi-teatral que lleve a la gente a reflexionar es una buena alternativa a las manifas de siempre.

    Encuentros públicos

    Hubo una época en que los encuentros anarquistas llamaban a 30 o 40mil personas. Los encuentros públicos han declinado a favor de los entretenimientos de masas. Cincuenta personas es un buen número hoy día. Elegid un tema, seleccionad portavoces, alquilad un local y haced publicidad. Puede suponer mucho esfuerzo pero a veces aparecen nuevos miembros o al menos suscita interés. La gente os tomará más en serio.

    Medios de comunicación alternativos

    Este título tan vago quiere cubrir medios de comunicación heterodoxos desde las chapas y las pintadas a spray hasta los vídeos. Pequeños mensajes dirigidos a la difusión pueden escribirse en puertas de wáteres o escribirse a spray en las paredes de la autopista. El vídeo no es muy caro, ni es muy difícil conseguir cámaras alquiladas. También cabe la posibilidad de las emisoras de radio piratas, y no hay porqué prescindir de la danza o el mimo u otras ideas para transmitir un mensaje. Usa tu imaginación.

    Aunque estamos excluídos del mercado de medios de comunicación para las masas, hay otras formas de transmitir nuestras ideas.

    Finalmente, la forma en que una idea se comunica es casi tan importante como la idea en sí. Si permite o promueve la participación de la gente para que ésta deje de ser una simple audiencia y pueda expresarse por sí misma, es un desafío directo al sistema de poder que necesita mantenernos dóciles.

    Música

    La música rebelde o revolucionaria tiene una historia mucho más antigua que la que los modernos jóvenes de hoy o los caducos hippies de ayer puedan imaginar. Créase o no, muchas óperas giran en torno a temas revolucionarios. En el s. XVIII, en la década de los 30, la posesión de un instrumento musical en Inglaterra estaba prohibida para los estamentos sociales más bajos, ya que los músicos errantes eran verdaderos agitadores del descontento social.

    Muchos anarquistas eligen la música como medio de comunicación con la gente. Es una forma de actividad útil para los anarquistas, y además es divertida. Por desgracia, mucha de la actual música anarquista, ni es anarquista ni es música, pero hay alguna buena, y alguna incluso muy buena. Cuestión de gustos.

    La música tiene la fuerza de apelar a las emociones directamente. Es posible comunicarse de una forma más básica. También se puede utilizar para hipnotizar y manipular a la gente, cosa que espero que evitemos hacer.

    Por tanto, lo que necesitamos hacer es que la música llegue a la gente, animarles a intentarlo y a sacar a relucir su creatividad. Las posibilidades de la grabación casera son muy interesantes.

    Necesitamos crear una música alternativa que desafíe a la industria musical Que aúllen cuando se enteren de que sus cintas se están grabando ilegalmente. Les hemos puesto las cosas fáciles demasiado tiempo.

    El arte

    Los cuadros expuestos en las pinacotecas han sido descritos como arte de museo; eso quiere decir que son objetos para ser admirados, comprados y vendidos. Separan el arte de la vida y de la gente. El arte como un artículo en venta es lo mejor que este sistema puede ofrecer. El arte como actividad no podría ni entenderse ni permitirse.

    Hay una necesidad imperiosa de que la gente corriente libere sus capacidades creativas. Al menos esto se puede intentar poner en práctica cuando hablamos con la gente. Se pueden encontrar formas de trabajar para el movimiento y divertirse al mismo tiempo. A través de la creatividad podemos llegar a partes ocultas de la gente que otras ideas no alcanzarían.

    Difundir la idea, es decir, hacer "propaganda", ha de ser uno de los objetivos primordiales de la estrategia anarquista. Por encima de todo, una revolución anarquista requiere que la gente sepa lo que hace y porqué lo hace. Nadie puede ser obligado a ser libre: o se elige y se toma, o no es verdadera libertad. Nuestra labor es más dura que la de los testigos de Jehová que van de puerta en puerta. No basta con que digamos a la gente lo que tiene que pensar: o piensan por sí mismos, o no son verdaderos anarquistas.

    La escuela y la educación

    Aunque desconfiamos en principio de la institución escolar, los anarquistas tiene gran fe en el poder de la educación. Una de las mayores fuentes de esperanza para u mundo mejor es que la próxima generación, con la ayuda necesaria, crezca menos neurótica que la anterior. Algunos dicen incluso que educar a los niños para la libertad es la única esperanza real de crear una sociedad anarquista.

    Las escuelas se ocupan principalmente de seleccionar y dividir a los niños en niveles para su futuro papel en una sociedad jerarquizada, y asegurarse de que internalizan la competitividad, la jerarquía y el respeto a la autoridad. Este sistema exige que la mayoría de los niños, y de los adultos, se sientan inferiores. Los anarquistas pensamos que las pruebas académicas son una medida insignificante respecto al potencial de una persona para jugar un papel importante en la sociedad. El culto al experto profesional está diseñado para destruir nuestra auto-estima en nuestras posibilidades y en nuestra capacidad de juicio.

    Los anarquistas nos oponemos al castigo corporal y a todas las formas de obligación en la educación. La asistencia a clase debería ser voluntaria. La obligatoriedad destruye el entusiasmo natural por saber y comprender. La verdadera educación es lo contrario a la escuela obligatoria, donde se aprende principalmente a temer y respetar la autoridad. Necesitamos, en cambio, que nuestros hijos desarrollen una capacidad crítica para entender el mundo, para ver los cambios que es necesario hacer para crear un lugar mejor para todos, y ser capaces de llevar a cabo estos cambios.

    Los anarquistas nos oponemos al adoctrinamiento religioso en los colegios. El miedo y la superstición no tienen lugar en una educación ética. La educación religiosa debería abolirse y sustitiurse por una clase enfocada a discutir cuestiones morales y filosóficas basadas en la preocupación y el respeto a los demás.

    Es una locura pensar que la educación actual sólo consiste en pasar 1 años o más de nuestras vidas en colegios que nada tienen que ver con el mundo exterior. Sería mucho más saludable para nuestra educación que ésta integrara aspectos del trabajo cotidiano y la vida social. Así, las habilidades de cada uno podrían ser reconocidas por la sociedad y utilizadas para la educación de otros. Necesitamos destruir las líneas divisorias entre trabajo, juego y educación. La educación debería estar disponible en cualquier momento de nuestras vidas, en lugar de estar confinada arbitrariamente a esa parte de la vida que pasamos en la escuela. Todos somos alumnos y profesores potenciales, todos tenemos habilidades que desarrollar y que enseñar durante toda nuestra vida.

    Los anarquistas estamos generalmente de acuerdo en que la completa liberación de la educación depende de la creación de una sociedad anarquista. Sin embargo, esto no ha sido impedimento para intentar crear entornos más libres donde los niños puedan crecer y aprender, aquí y ahora. Algunos anarquistas han educado a sus hijos en casa. Otros los han educado conjuntamente con otros padres e hijos. Han trabajado juntos en lugar de permanecer en núcleos familiares aislados. En las últimas 3 décadas varias escuelas libres se han establecido basándose en principios libertarios, y han desempeñado un servicio muy valioso demostrando de forma práctica que hay alternativas posibles. Sin embargo, han tenido que enfrentarse a constantes problemas económicos y a todos los otros problemas que supone vivir en una sociedad como la nuestra intentando crear una sociedad libre.

    Algunos anarquistas y otros que comparten sus puntos de vista sobre la educación han llegado a la conclusión de que en un futuro predecible, la mayoría de los niños asistirán a escuelas estatales y, por tanto, han intentado cambiar estas escuelas desde dentro, así como a los padres y profesores.

    Aunque hacia los años 60 la institución escolar había aceptado los métodos libertarios en la escuela británica de A. S. Neill's Summerhill, se trataba de una escuela privada a la que sólo tenían acceso niños de padres ricos, que se horrorizaron al ver que métodos similares se estaban adoptando en escuelas públicas para niños de clase obrera. Los intentos más fructíferos se dieron en la Risinghill School y en William Tyndale School de Londres, pero fueron abortados por la autoridad educativa local y los profesores fueron expulsados.

    La lección a extraer para aquellos que vuelvan a intentarlo en el futuro es que es esencial romper el aislamiento al que se somete alas escuelas respecto a la comunidad, para que los padres entiendan y apoyen activamente la implantación de la pedagogía libertaria en los colegios

    Conclusión

    Para una consideración más detallada de la teoría anarquista, hemos incluído una bibliografía, hemos hecho listas de áreas de actividades y subrayado la corriente anarquista. No hemos intentado indicar que tipo de actividad conducirá más probablemente a un futuro antiautoritario. Este tipo de juicio requiere una consideración más detallada de la naturaleza de la sociedad en cuestión y de una estrategia revolucionaria. Esperamos que tú sacarás tus propias conclusiones. Los anarquistas siempre crean su propia opinión.

    Si estás interesado, lee más, habla con los anarquistas de tu localidad, reflexiona sobre las ideas. Hay mucho que hacer.

    ¿Se te ocurre alguna buena excusa para no ser anarquista? Bueno, pues entonces, ¡adelante!

    April 26

    La mentira de la democracia

    La mentira de la democracia.

    magnífico texto (aunque me cueste admitirlo) de mi hermano Marcos. Leanlo con calma. Aviso: para una correcta comprensión del texto, es recomendable haber leído antes algo de literatura.(absténganse lectores del Código Da Vinci)

     

     Vivimos en una sociedad que según ella misma ha aprendido los errores del pasado, para convertirse en un sistema pacífico y que garantice la libertad y el bienestar de sus ciudadanos. La democracia parlamentaria se ha impuesto como sistema político, y, en base a la famosa cita de Churchill, ha sido mitificada como única manera posible de gobierno. Todo aquel que arremete, clama, o hace una crítica seria contra ella está condenado a ser tachado de inmoral, fascista y retrógrado. Esta democracia es la base política sobre la que se alza un sistema económico injusto, explotador y totalitario: una carcasa de plástico reluciente sobre la que hay grabadas palabras como “libertad” y “consenso”, que, hábilmente vendida por los políticos, inmuniza el sucio capitalismo que alberga en su interior.

     

    La base moral de la democracia es de la más noble y sana intención. De hecho, tenemos aún caliente el recuerdo del periodo de transición, hoy beatificado, que auguraba un sistema político plural, con puntos de encuentro y divergencias, de maneras cordiales y de inteligentes discursos, llenos de contenido real. Pero la realidad ha cambiado drásticamente en muy poco tiempo. La España emergente de aquellos años, la masa popular votante, era una gran tarta de diferentes posturas y opiniones, que se vio reflejada en la gran cantidad de partidos y el atomizado resultado electoral de las primeras elecciones. Pero, hábilmente conducida por los poderes fácticos de hoy, esto es, los medios de comunicación, a esa masa atomizada se le fue imponiendo una conciencia “democrática” en la cual debían de encauzar su voto a un fin “útil”. La sinceridad inicial, el voto ideológico, se redujo a un pequeño grupo que, dada la polarización masiva, quedó al margen de la construcción democrática. Si repasamos una por una todas las democracias occidentales, veremos que en la gran mayoría, si no en la totalidad, la representación parlamentaria la acaparan dos partidos de tendencias ideológicas homologadas: los socialdemócratas y los democristianos. El patrón se repite, por supuesto, en España. Si el PSOE representa la izquierda moderada y conciliadora, el partido socialdemócrata que recoge el voto de los ciudadanos progresistas, el PP constituye la opción de derecha céntrica, que tiene en su nido a los elementos más conservadores de la sociedad y los católicos más profundos. Los resultados de las elecciones de las décadas de 1980, 1990 y 2000, muestran como entre estos dos partidos se reparten más del 70% de los votos del país. ¿Es posible que el 70% de la gente se sienta representada por uno de estos bloques? La respuesta inmediata es “no”, pero porque no hay otra opción. La democracia, ese sistema ideal en el que todos los ciudadanos pueden expresar su opinión y ser gobernados por alguien con quien se sientan representados, se reduce a un voto cada cuatro años, en el que casi tres cuartas partes del país votan a un bloque u otro. Podemos remontarnos a otros periodos políticos, y ver cómo esta idea bipartidista no es original del siglo XX, ¿o no pasaba lo mismo con Liberales y Conservadores en tiempos de Alfonso XII? Cánovas había ideado el sistema con la idea de conseguir una estabilidad política fuerte: pero el eje central de dicha estabilidad, era y es la falta de criterio a la hora de votar. ¿O en una sociedad con criterio electoral, estaría representado únicamente el sentir popular en dos partidos? El objetivo, controlar establemente la tendencia masiva de la sociedad, sirve a un fin mayor: la estabilidad perenne del sistema económico que respaldan los dos partidos políticos mayoritarios. Analizando críticamente, tanto socialdemócratas como democristianos, PSOE como PP, tienen unos fundamentos muy similares. Sólo en pequeños matices –leyes sociales, financiación de instituciones- existe una diferencia, pero ambos garantizan la correcta marcha del sistema político y económico sin variar un ápice su estructura.

     

    ¿Cómo ha sido posible ese cambio de la sinceridad política y electoral al voto polarizado? Los mecanismos para el establecimiento de esta nueva conciencia popular han sido obviamente puestos en marcha desde el propio poder, ayudado por los medios de comunicación. En un vistazo rápido a los medios de comunicación de masas del país (y de todo occidente), podemos catalogarlos mentalmente según defiendan o no a un partido determinado. Ya no existen periódicos independientes de consumo popular, ni radios apartadas de la línea de alguno de los bloques. Los medios de comunicación son un arma que sirve a los intereses del capital, beneficiándose como partícipes del sistema, pero son también un arma política, una campaña electoral permanente a favor y en contra de tal o cual formación. Solamente un partido que cuente con el apoyo de algún medio puede proliferar, y ya no servirá su sincera orientación política, sino el apoyo que reciba, económico y mediático. El bipartidismo se apoya en este hecho, y es el hecho en sí el que imposibilita la vida democrática real ¿O llegado este punto, se puede admitir que esto es democracia? Desde todos los ámbitos se fomenta esta simplificación ideológica, y cada vez son menos las diferencias reales entre una u otra opción. La enajenación del criterio político es uno de los logros de la democracia, el gran logro. La campaña electoral es, a este efecto, solamente un teatro en un juego en el que todo ha sido ya decidido ¿Quién cree que en 15 días se ganan unas elecciones? La falta de posturas críticas divergentes de las dos opciones, más a la izquierda del PSOE o menos a la derecha del PP crean un ambiente en el que se identifica, desde los medios, lo bueno con lo propio, y lo malo con el resto. ¿Democracia? Dictadura, del capital, de los medios. Eso sí, legítima, y quien diga que no ¡terrorista!.

    NILO 1

                                                           

     

    Fuera, en el patio, unos yerbajos sobresalían entre las baldosas. En ese lugar, todo estaba ajado, viejo, rancio. Un infierno esquelético y absurdo, en el cual estaba condenado a permanecer.

    El Instituto de Educación Secundaria Obligatoria Luis Carrillo De Sotomayor inspiraba en mí una sensación de desprecio absoluto; un lugar odioso en el que los profesores, ineptos y antipáticos, envenenaban la mente de unos alumnos ya de por sí anonadados y embrutecidos con una ideología conservadora y sistemática, exenta de esperanza y  color.

    Don Antonio Vega, el profesor de lengua, escribía pausadamente en la pizarra el tema de la semana. Hacía un calor insoportable, y las moscas se posaban en todas partes. Un olor repugnante inundaba la estancia, y la desidia era la única compañera, capaz de hacerme volar lejos, muy lejos de allí.

    Mientras garabateaba burdamente su cara en el cuaderno de lengua, trataba de no olvidar que estaba vivo. En la marea de dejadez y cansancio en el que nos sumerge  la semana, es fácil olvidar. Incluso se puede olvidar el propio sentido de la existencia, pero eso es otra historia.

    En la vida del alumno medio, el fin de semana representa más que un descanso. Es el máximo exponente, el ejemplo más exacto que se puede utilizar para explicar la libertad tan limitada de la que disponemos. Realmente, la libertad nunca será completa, porque somos esclavos del amor, tal y como lo era yo entonces. A esa misma conclusión han llegado miles de personas antes que yo, pero, ¿no merece la pena repetirlo? ¿No merece la pena recordarnos a nosotros mismos, que la misma libertad por la que han luchado tantas generaciones, no existe realmente? No puedo responder a eso.

     

    El timbre resonó por los pasillos como un grito desgarrado y soez, distorsionado. Perezosamente metí el libro que ni siquiera había abierto, y el cuaderno sin cerrar en la cartera. Habían pasado cuatro horas desde que entré a clase. Mis compañeros me parecían ahora demasiado afortunados como para dirigirles la palabra. Absortos en su ignorancia, sumergidos en una felicidad egoísta.